«El arte es individualidad»

César Wonenburger REDACCIÓN

TELEVISIÓN

El célebre intérprete ruso ofrece hoy (20.30 h.) un concierto en el Palacio de la Ópera coruñés, junto a la Sinfónica de Galicia y Víctor Pablo, con las entradas agotadas

10 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Con su melena leonada, botas de cuero y camisa de Issey Miyake, Mischa Maiski (Riga, Letonia, 1948) más parece un rockero de los que nunca mueren que uno de los más reputados intérpretes del violonchelo, ese instrumento de sonido aterciopelado que popularizó Pau Casals. Alumno del gran Rostropovich en Moscú, donde sufrió la represión del régimen soviético, Maiski, de origen judío y residente en Bélgica, se pasea por el mundo con su inseparable Montagnana, junto al que esta noche interpreta en A Coruña el Concierto de Dvorak . -Su imagen pública tiene más que ver con el pop que con el ambiente de la música clásica. ¿De algún modo busca romper con la tradición? -No tengo nada contra las buenas tradiciones, sólo con las que van en contra del espíritu de la música. Visto así porque aprecio la belleza: en la literatura, en la música y también en la moda. Tengo alergia a los uniformes, no me gustan nada y no creo que los músicos tengan que llevarlos, como en el ejército. -De ahí, quizá, que se haya dicho que sus interpretaciones tienen un sello muy personal, como su Bach¿ -Detesto la uniformidad: el arte es todo lo contrario, individualidad. Para mí es importante no tocar igual que los demás, y del mismo modo, que mi imagen no sea como la de los demás. -¿Esa imagen, a veces rancia, o excesivamente elitista, que a menudo se asocia con la música clásica, es lo que aleja a los jóvenes de ella? -Sí, quizá sea una de las razones. La imagen que se proyecta de la música clásica es a veces demasiado conservadora y pasada de moda, pero la verdadera música no tiene nada que ver con eso, que sólo es un reflejo del mundo que la rodea, del establishment . -¿Es cierto, como dicen algunos, que la música clásica, o al menos su negocio, ha entrado en crisis? -En cierto sentido sí, y creo que el problema de la música clásica se debe sobre todo a un exceso de demanda. Hoy tenemos demasiadas orquestas, directores, músicos. Las calidad técnica es muy alta, pero falta la personalidad: ese algo que hace que la interpretación de una obra, no importa las veces que se hubiese escuchado ya anteriormente, sea única. -¿Y cómo se logra eso? -¡Oh¿! Personalmente, intento desarrollar mi gusto musical escuchando grandes grabaciones del pasado, y de hoy, de todo tipo de música, para ampliar mis horizontes. Lo más importante para un músico es trabajar la mente, que es donde se encuentra toda la fuerza. Las manos deben seguir a la mente, y no al revés, como a veces ocurre. -Usted fue una de las víctimas de la represión en la antigua Unión Soviética. ¿Por qué lo encarcelaron? -Es muy difícil de comprender, aún hoy me pregunto cuáles fueron las razones. Mi hermana emigró a Israel en 1969, y quizá las autoridades temían que fuera a reunirme con ella. Para que no lo hiciese impidieron que finalizara mis estudios en el Conservatorio de Moscú: primero encerrándome en la cárcel y luego, en un campo de concentración. -Músicos e intelectuales han tomado partido contra de la guerra. ¿Cuál es su postura, como judío? -Es muy complejo tomar partido, porque todo puede ser analizado desde perspectivas muy distintas. Las guerras son terribles, nadie gana, todos pierden. Todo el mundo quiere la paz. Pero yo me pregunto: si en los años 40 no se hubieran firmado tantos tratados de paz con Hitler; ¿habría habido una Segunda Guerra Mundial? ¿No hubiese sido posible pararle los pies al monstruo antes, prevenir el conflicto? Si Sadam se hubiese hecho con el control de armas nucleares, nadie sabe lo que habría podido ocurrir. -¿Habrá paz algún día entre judíos y palestinos? -La situación de Oriente Medio es muy complicada: dos pueblos bien distintos compartiendo una tierra. Los palestinos pudieron tener su territorio en 1948, y no quisieron. Barhak intentó cumplir el 90% de sus demandas, y no aceptaron. Ahora estamos más lejos de la paz que nunca. Me pregunto si para los palestinos no sería mejor tener un 95% de algo que un 100% de nada. Como dijo un primer ministro de Israel: «Arafat nunca pierde una oportunidad de perder una oportunidad». -¿En medio del horror, sirve la música para algo? -Cualquier arte hace que la gente aprecie la belleza en la vida y elimine los aspectos destructivos. La gente se hace más sensible a través del arte. Por lo que si todos tuviéramos un mayor acceso a la cultura, seguramente habría menos conflictos en el mundo. -¿Cómo fue su relación con Rostropovich? -Creo que soy el violonchelista más afortunado del mundo. En mi primera vida fui alumno de Rostropovich, que se convirtió en un segundo padre. Luego, en mi segunda vida, estudié en California con otra leyenda, Gregor Piatigorski.