La formación coruñesa se ha convertido en uno de los grandes embajadores culturales de la comunidad autónomaen España y en Europa
06 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.La idea surgió mientras el alcalde de A Coruña paseaba por Baltimore junto a uno de sus concejalesEl director Víctor Pablo y el gerente Enrique Rojas fueron los encargados de materializar el proyectoLa OSG ha conseguido éxitos en eventos como la reinauguración del Teatro Real Tienen los políticos con mayoría absoluta, entre otras prebendas, la mayor de todas: convertir sus sueños en realidad, aunque los de algunos sean tan poco edificantes como pasar a la historia del brazo de uno de los presidentes norteamericanos más nefastos en la historia de esa gloriosa nación. Cuenta la leyenda que, despuntando los 90, caminaba un día Paco Vázquez en compañía de su delfín Javier Losada por la coqueta Baltimore, cuando ambos toparon con un anuncio urbano donde se invitaba a los habitantes de la ciudad atlántica a participar en el concierto aniversario de su Orquesta Sinfónica. Al alcalde se le debió encender entonces una luz al pensar: «Dentro de unos años en mi Coruña haremos lo mismo». Y el sueño se cumplió. Al regreso de aquel afortunado periplo americano, Vázquez impartió órdenes precisas a su concejal de Cultura, José Luis Méndez. «Mírame el tema, y me haces una orquesta», le vino a decir. En 1992 echaba a andar la Sinfónica de Galicia, que este mes cumple once fructíferos años como «la joya de la corona», en palabras del propio Vázquez, o lo que es lo mismo: uno de los proyectos culturales de más calado y proyección de cuantos se han abordado en la historia reciente de la comunidad. «Los Albertos» clásicos La idea, sin embargo, no cuajó de inmediato. La Sinfónica comenzó con mal pie; aquello no acababa de arrancar bien. Después de varios meses de incertidumbres, dos de sus fundadores, el gerente Juan Bosco y el director Sabas Calviño tuvieron que apearse en marcha del proyecto. Pero la obstinación del concejal Méndez, hombre meticuloso y tenaz, acabaría dando sus frutos pronto. Persuadió a los Albertos de la música española, Víctor Pablo, reputado constructor de orquestas, y su entonces -que ya no- fiel escudero Enrique Rojas, gerente muy conocido por su capacidad de trabajo, conocimiento del medio y arrojo, para que se hicieran cargo de la nave. Ambos venían de Canarias, donde el primero aún disfruta de la titularidad de la Sinfónica de Tenerife, cargo que comparte con el de responsable de la OSG, con ganas de hacer algo grande. Y lo lograron. Bajo el impulso férreo de Víctor Pablo, un director de ideas firmes y claras, con un talante muy personal -al que a veces se le ha achacado ir demasiado a lo suyo, con continuas exigencias sin contar con las posibilidades reales de la ciudad que le ha promovido-, la Sinfónica se ha convertido en un instrumento admirado en toda España por la calidad de sus interpretaciones, la seriedad y el rigor de su trabajo.De hecho, cuando se reinauguró el Teatro Real de Madrid, de nuevo como coliseo de ópera, la formación gallega sería la encargada de abrir esa reciente etapa con un concierto memorable, junto a la poderosa contralto Ewa Podles y el Orfeón Donostiarra, que fue retransmitido a todo el país por TVE. Oviedo, Alicante, San Sebastián o Barcelona, donde el conjunto volvió a tener otro reconocimiento histórico al ser la primera orquesta en tocar en el nuevo Auditori -los aficionados aún recuerdan aquella impresionante Novena de Bruckner- han sido testigos, en distintas etapas, del rápido despuntar de la formación.