El veterano clon que ha trabajado con Fellini en muchas de sus películas, afirma que hacer reir es complicado hasta físicamente, ya que requiere mover 400 músculos
21 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Carlo Colombaioni es un maestro en el arte de hacer reir sin más artificios, maquillajes y decorados que su propia imaginación, un hombre que lleva sobre sus hombros una de esas etiquetas que ni pesan ni molestan: «El mejor clon del mundo». El veterano artista italiano llegó ayer a Vigo, donde actuó por primera vez, y durante la entrevista apareció acompañado por Caterina, su compañera desde hace diez años y el pequeño hijo de ambos, Milo. Colombaioni, descendiente de una estirpe familiar dedicada al circo desde el siglo XVII, reside en Roma y tiene su oficina artística en Grenoble. Después de pasar por Galicia, seguirá su gira por Suiza y luego volverá a España para ofrecer varias funciones en Barcelona. Mientras transcurre la charla en las butacas del teatro del Centro Cultural Caixanova, el cómico, cargado de ironía, hace un inciso y advierte: «No escribas lo que yo te diga, sino lo que quería decir. No te olvides, ¡eh!». -En sus espectáculos siempre hace partícipe a su público, ¿hasta que punto depende del espectador la calidad de su número? -Pues tienen mucha importancia porque es verdad, gran parte de mi espectáculo se basa en las improvisaciones que hago con los espectadores. Ellos son el segundo actor: Carlo y el público. En España, además, la gente quiere participar. -Entonces se notará mucho la diferencia dependiendo del país en el que actúe... -Se nota en el ritmo. Aquí, por ejemplo, es mucho más rápido, pero en esencia es igual. -¿Para usted es lo mismo enfrentarse a una audiencia formada por latinos que, por ejemplo, por orientales? -Sí, porque lo que yo hago sobre el escenario no pasa a través de la palabra, sino a través del ojo. Y lo que ve el ojo del hispano es lo mismo que lo ve el chino. Todo el mundo se ríe de lo mismo porque todos tenemos los mismos problemas. -¿De qué se ríe más la gente con usted? -No se decir de qué porque mi espectáculo es muy naif. Hago muchas cosas y no hago nada. Y se ríen por todo y por nada. -¿Y cree que está la vida como para reírse? -Hacer reir no es fácil, desde luego. Parece que ni física ni psíquicamente estamos hechos para disfrutar. Para llorar se mueven nueve músculos y para reir hacen falta cuatrocientos. Y a parte de las limitaciones que nos impone nuestra genética, parece como si el mundo no estuviera contento cuando va bien. Siempre estamos buscando cualquier cosa para estar mal. -Usted ha trabajado con Fellini en películas, como «La Strada» ¿cómo ha sido esta experiencia? -Trabajar con Fellini o con Darío Fo es siempre una experiencia buena. Fellini en lo suyo es un maestro, pero no es un clon. -¿Y Berlusconi? -Es un gran payaso, aunque si decimos que él es un payaso deberíamos decir que el 90% de los Gobiernos del mundo están compuestos por payasos. Nosotros en Roma tenemos una gran escuela de clon en el Parlamento. -¿En Italia también hay crisis en el ámbito del circo? -No. Hay cerca de doscientos circos, pequeños y grandes, que siguen funcionando. -Aquí el único que triunfa es el Circo del Sol, ¿qué le parece esta compañía? -Me parecen muy buenos, aunque lo que ellos hacen no es circo tradicional. Presentan un nuevo circo y todo lo nuevo funciona al principio. -¿Hay algún payaso en España que le haya impresionado? -Uno que admiré mucho era Charlie Rivel y también me gusta Tortell Poltrona. Además pienso que hay muchos jóvenes con mucha energía haciendo cosas interesantes, pero he podido comprobar que aquí, en Galicia, los artistas están abandonados. Nadie les apoya.