INTERFERENCIAS

17 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

CUANDO David Lean filmó Lawrence de Arabia, la industria cinematográfica ya era consciente de que la cada vez más popular televisión constituía una amenaza para su supervivencia. El tiempo confirmaría que aquella aparente enemistad culminaría en alianza, de tal modo que ambas se necesitan porque se complementan. Esta madrugada, Garci incluyó esta espléndida película en su versión íntegra y restaurada en ¡Qué grande es el cine! (La 2). Sin duda un festín, pero mucho menos. Veamos. Lean (el más genuino director de grandes espectáculos, recuérdense también El puente sobre el río Kwai o Doctor Zhivago) , recurrió en 1962 al formato más bestia que pudiera imaginarse para una pantalla grande: Super Panavisión 70 mm. Proyectada sobre varias docenas de metros cuadrados de pantalla, era la gloria. Y si como se exhibió hace años en su versión restaurada, con sonido estéreo en varias pistas, entonces ya era la repera. La emisión de ayer puso en evidencia el abismo que separa la televisión del cine, por mucha virguería que se instale en el salón de casa (eso si no vives en 80 m2) y por mucho que el DVD sea una gozada. De haberse respetado la integridad del formato, el vidrio del televisor se habría reducido a la mitad, y a no ser que te equipes con una pantalla de plasma de esas de dos kilos en euros, este Lawrence era la sombra del original paradigma del cine épico, un paradigma del espectáculo sobre pantalla grande. Son legión quienes opinan que, bah, ahora eso de ir al cine es una inutilidad porque ya está la tele. Del mismo modo que el tocino nada tiene que ver con la velocidad, lo de ayer lindaba con la birria, un microfilme.