La obra era el fondo delante del que hacían sus declaraciones los inspectores desplazados a Irak y ante ella tenía que hablar el próximo día cinco Colin Powell
31 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.En la sede de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, se escuchan más los tambores de guerra que la campana de la paz y como botón de muestra un ejemplo que podría ser, además, un caso de clara censura: el tapiz del Guernica, de Picasso, situado a la entrada del Consejo de Seguridad ha sido tapado con una cortina. La razón apuntada es que en ese tramo, que da acceso al Consejo de Seguridad, se ha colocado el micrófono en el que hacen sus declaraciones a la prensa los diplomáticos y los funcionarios de la ONU, léase el ahora famoso jefe de los inspectores desplazados a Irak, Hans Blix, o, el próximo día 5 de febrero, el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell. Azul de fondo neutro A tal efecto y para poner un fondo neutro, la reproducción del cuadro del artista español, que despedaza los horrores de la guerra basándose precisamente en la confrontación que tuvo lugar en España, apareció cubierta el pasado día 27 de enero con una gran cortina del color institucional de la ONU, el azul. «Es el fondo apropiado para las cámaras», explicó Fred Eckhard, portavoz de la organización internacional al ser preguntado por la desaparición del Guernica. Algún diplomático no tan bien pensado cree que la razón es que «no sería conveniente que el embajador de Estados Unidos ante la ONU, John Negroponte, o el mismo Powell, hable de guerra rodeado de mujeres, niños y animales que gritan con horror y muestran el sufrimiento de un bombardeo». Y otras fuentes diplomáticas apostillan que «menos aún cuando esa guerra comenzará con una campaña aérea». La reproducción de la obra de Picasso, un tapiz prestado por la familia Rockefeller, recuerda precisamente el bombardeo que durante la guerra civil española la aviación alemana perpetró contra la población de Guernica, en 1937. El tapiz, que fue encargado por Rockefeller en 1955, tiene tres metros de alto y casi siete de largo y fue confeccionada en el taller del maestro J. de la Baume-Durrbach, en la localidad francesa de Var. Recuerdo de lo atroz El tapiz, uno de los autorizados personalmente por Pablo Picasso, fue donado por Nelson A. Rockefeller y se colocó el 13 de septiembre de 1985 en una ceremonia en la que fue descubierto por el entonces secretario general de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar. La reproducción quedó así como un permanente recordatorio de las atrocidades de un conflicto bélico en una organización que tiene como misión principal «preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra», según el preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas. Y con tal fin, su artículo primero establece que la ONU podrá «tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz». En ese mismo artículo se destaca la necesidad de lograr «por medios pacíficos», y de acuerdo con «los principios de la Justicia y del derecho internacional», la solución de las «controversias o situaciones internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz». Y para que el recordatorio del Guernica estuviera más presente en la mente de todos, el tapiz se instaló en el pasillo que da entrada al Consejo de Seguridad, órgano que tiene el mayor poder de decisión y al que se considera encargado de velar por esa paz y seguridad internacional. El 11 de septiembre de 2001, Annan hizo tocar la «campana de la paz», una tradición que se repite todos los años al inicio de cada sesión de la Asamblea General de Naciones Unidas. Pero al día siguiente, el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, declaró a Irak como una amenaza para su país y desde entonces en la sede de la organización internacional se escucha más la palabra guerra que paz. En la ONU son muy pocos los que dudan de que, con más de cien mil soldados estadounidenses ya desplegados en el Golfo Pérsico, la guerra comenzará en las próximas semanas. Y así hay quien piensa que «quizá por ética, más que por estética, lo mejor sea cubrir el Guernica para no ofender el sufrimiento que representa».