INTERFERENCIAS
27 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.LA FAMILIA prefiere que no se toque el área del barranco de Viznar en donde se supone están los restos de Lorca y otros represaliados de la Guerra Civil. En su caso habló un sobrino. Opina que aún reivindicando la necesidad de que se aclaren los hechos, de nada vale agitar la tierra. Frente a esta opinión, el historiador Ian Gibson, aún respetándola, prefiere aclarar lo que allí ocurrió. Hablaron también otros parientes de los allí enterrados con nocturnidad y alevosía. La conclusión es que hay para gustos, coincidiendo todos en la necesidad de que aquella vergüenza sea recordada por generaciones venideras. Como dijo un entrevistado, el caso de Lorca horroriza todavía más cuando sus ejecutores se jactaban de haber eliminado simplemente «a un maricón». Lorca y los paseados de Viznar es un reportaje de Línea 900 (La 2), que el domingo emitió su segunda entrega. Media hora de testimonios e imágenes para concluir que existen hasta siete supuestas localizaciones en las que estaría Federico. A primera vista, este empeño por remover a los muertos podría parecer una macabrada al servicio de una televisión sensacionalista, pero el tono elegido por el director, Joan Sella, apunta en otra dirección. La repercusión lograda en los últimos meses por la Asociación Memoria Histórica, con la apertura de varias fosas comunes que guardan los restos de quienes fueron ejecutados con el tiro en la nuca o la fusilería indiscriminada, demostró que hay dolores que todavía duelen. Lorca simboliza una tragedia, y las tragedias son como heridas que conviene cauterizar cuanto antes.