«Transmito buen rollo sin necesidad de ser hortera»

Nano Amenedo SERVICIO ESPECIAL | CANNES

TELEVISIÓN

El cantante, productor y compositor ferrolano triunfó en la primera noche organizada por la Sociedad General de Autores en el Midem de Cannes

23 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

El ritmo implacable de Carlos Jean, un fanático del baile que sonríe cuando se proclama «el típico tío de Ferrol», disparó el movimiento de caderas en la primera noche de conciertos del Midem de Cannes, la más importante feria de la industria discográfica. Jean, de 29 años, piel tostada por sus ancestros caribeños y fiero animal de escena, logró abarrotar uno de los principales escenarios de la feria con un concierto compartido con Fundación Tony Manero y Telephunken. Presumido, lapidario, arrollador, el cantante, productor y compositor gallego prefiere la vanidad controlada a la modestia hipócrita. -Aún en caliente, ¿ha merecido la pena la experiencia de este Midem de Cannes? -Absolutamente. De hecho, esperaba bastante menos movimiento del que ha habido, he percibido sensaciones increíbles. Esa gente que estaba ahí entiende de música, no te conoce de nada y se la suda aplaudir al final de las canciones. Si lo ha hecho es porque hemos tocado muy bien. -¿A qué atribuye, entonces, el interés por su música del público profesional? -Quiero pensar que escuchan y valoran un universo muy original, un pop medio electrónico que suena a rock. Si yo fuera AR (responsable artístico de una compañía) y escuchara esa combinación de elementos, también habría ido a ver el concierto. -¿Confía en que sucedan cosas, que lleguen ofertas? -El alma me lo dice: me van a llamar, me van a llamar. Me siento responsable de un concepto muy moderno, pero, a la vez, sencillo de entender y de asimilar. No soy ni Blur ni Portishead, pero tengo una identidad propia: transmito buen rollo sin necesidad de recurrir a lo hortera. Y en cuanto a mis músicos, quizás no sean la rehostia, pero a divertidos, precisos y disciplinados no hay quien les gane. -Vaya, que se gusta... -Sí, puede sonar un poco vanidoso, pero lo percibo así. -¿Difiere mucho el Carlos Jean de a pie de calle de ese que salta en el escenario? -Qué va, yo soy un showman dentro y fuera, igual en un concierto que en un estudio; hasta puede que más en un estudio. Me considero exigente, disciplinado, pijotero. Jamás firmaré una cosa que no haya hecho enteramente yo, como hacen tantos. -La dualidad de productor y artista debe dar pie a cierta sobreexcitación artística... -Soy como el «Dual Processor» de Apple. Tengo no dos, sino tres discos duros en la cabeza, el del artista, el de la producción y el de la familia. Pero me funcionan todos. -Un adalid del «funk» no parece el ejemplo de galleguidad. ¿En qué detalles aflora la genética ferrolana? -Sobre todo, en que cada verano me homenajeo con unos caldos gallegos de flipar. Mi memoria sentimental sigue y seguirá ligada a Galicia, a esos veranos en Pontevedra, Vigo o Valadouro, al lado de Burela. Ponían tapas increíbles por 25 pesetas, aunque con el euro se habrán ido al carajo. -¿Ha reflexionado sobre el «caso Prestige»? -Sí y mis conclusiones son inequívocas. El Prestige me ha hecho odiar a los políticos, repudiar su comportamiento patético. La actitud de los voluntarios es una enorme bofetada, un ejercicio de abstención frente al sistema. La gente ha dado la espalda a los que quieren pillar cacho y se ha puesto a recoger fuel a puñados. Espero que en la prensa sigáis informando del drama, que el Prestige continúe en portada dentro de tres meses y que este año me traiga suficientes conciertos como para un Chapapote Tour en Galicia.