La protagonista de «Desayuno con diamantes» falleció en 1993 años después de haberse retirado del cine porque los guiones que le enviaban eran pesados o violentos
19 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.No cimentó su carrera en la belleza, fue parte de sus películas y no hizo más cine porque, según sus propias palabras, los guiones que recibía eran pesados, violentos, y los papeles que le ofrecían eran para mujeres más jóvenes que ella. Hace diez años, el 20 de enero de 1993, Audrey Hepburn, la inolvidable protagonista de Desayuno con diamantes, fallecía víctima de un cáncer de colon. La princesa de Hollywood -el apodo que le puso Frank Sinatra- fue vulnerable, elegante, sofisticada y alegre hasta su muerte a los 63 años. En una época dominada por bombas sexuales como Jane Mansfield, demostró que el glamour no se compra. Con el mismo apellido que otra de las grandes, Katharine Hepburn, estuvo veinte años en la profesión, de la que se retiró para dedicarse a sus dos hijos, Sean y Luca, fruto de sus matrimonios con el también actor Mel Ferrer y con el psiquiatra italiano Andrea Dotti, respectivamente. Tímida e incansable, la artista, que tenía la jardinería y la cocina como hobbies, colaboró con Unicef desde la Segunda Guerra Mundial, porque estaba muy agradecida por la ayuda que ella había recibido de pequeña. Audrey Hepburn era hija de una baronesa holandesa que se arruinó durante la guerra y del banquero Joseph Anthony Hepburn-Ruston. A pesar los éxitos, lo cierto es que la delgada Audrey mantuvo siempre pegados los pies a la tierra. Una de los beneficiarios de este carácter fue Amabile Altobello, una joven italiana sin recursos económicos que acabó casándose con el traje de boda que la mítica Hepburn nunca utilizó. Corría el año 1952 cuando la actriz decide en el último momento no contraer el anunciado matrimonio con Sir James Hanson. El lujoso vestido, ya confeccionado, quedó entonces sin uso en el taller de las Hermanas Fontana de Plaza España, en Roma. Las instrucciones que Audrey Hepburn dio fueron precisas: «Me gustaría que lo llevara una joven que no pueda costeárselo». La elegida fue Amabile.