Sus anteriores películas Continental y Finisterre no pasaron desapercibidas ni para el público ni para la crítica. Con Trece Campanadas parece que Xavier Villaverde vaya a conseguir lo mismo, como mínimo. -Producción y dirección gallega, Compostela y Luis Tosar. Sin embargo hay poco acento gallego, ¿no le parece? -Yo creo que hay mucha Galicia dentro de la película. Esta historia no podía salir de otro lugar. En cuanto al tema de los acentos se barajó mucho, pero era enrarecer demasiado la película. -Éste no es el Santiago del turista y mucho menos el del estudiante... -No. Ésta es la historia del Santiago que yo veo, porque para mí es una de las ciudades más mágicas y misteriosas que existen. Compostela es laberíntica, muy subliminal, como la propia historia. -Dirigir una historia de terror puede provocar el efecto contrario. ¿Qué le planteó más dificultades? -Hubo varias. De entrada, recrear una historia sorprendente y a la vez que fuese de género era complicado porque aquí, además de terror, hay horror y se esconde en lo cotidiano de los personas que están destinadas a protegerte. Además de todo esto, están las difíciles relaciones entre los personajes que se mueven entre lo racional y lo inverosímil. Hacer creíbles y coherentes estas cosas sin provocar la risa era muy complicado, pero ahí está el trabajo de grandes actores, además de un guión bien estructurado. -Éste es su tercer trabajo y cuenta con grandes figuras en el reparto, pero en el primero y el segundo también dirigió a estrellas consagradas. ¿Qué les ofrece? -Algo habrá en los guiones que les convence. De todas maneras, siempre me ha gustado mezclar actores conocidos con noveles, es una experiencia con la que siempre me ha gustado jugar. -Se presenta un año duro en el cine, con mucha crisis en el sector. ¿Cómo espera que sea la acogida por parte del público? -Buena, porque es una historia que conecta con la gente, a pesar del horror que retrata, pero nace de lo cotidiano y eso a la gente le engancha. De todas maneras es imposible luchar contra el rodillo de la industria americana, la gente no reacciona. Viene un Harry Potter y todo se vuelca en él y contra 400 copias no se puede luchar. Las películas españolas duran poco en pantalla, no hay apoyo por parte del público. Las leyes deberían promover una cuota de pantalla para el cine español superior, tal y como ha hecho Francia, que lo ha logrado.