La madre del concursante expulsado denunció que María Teresa Campos manipula a la audiencia para echar o mantener a quien a ella le interesa
01 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Tendrá razón la madre de Mario, y María Teresa Campos, con su corrillo de Gran Hermano , decide quién se queda y quién no en la casa. Ya acertó hace quince días con Sonia y ahora otro tanto con Mario. La madre de éste, muy educada y amable mientras su hijo sólo estaba nominado, estalló cuando lo expulsaron y denunció el exceso de poder que tiene la dama de la mañana. No se sabe muy bien qué quería decir, si la Campos no podía opinar o tenía que hacerlo mal o bien de todos. Ahí queda la duda. De lo que no hay duda es del disgusto de Judith, pareja o lo que sea de Mario (según él le dijo a Desi, no sentía más que un cariño especial por la catalana) cuando se fue. A ver si Rafa aprovecha que, como dice el dicho, «así se las ponían a Fernando VII». Tampoco hay duda de que Mari Luz, la madre de Desi, tiene más razón que una santa: su hija es igual en casa que en la casa, ella no está de acuerdo siempre («la veo y pienso, déjalo. Hazte valer») pero como es su madre la quiere y la defiende. Un diez. Rocío, en cambio, pasó una semana de suspenso, con un problema gástrico -constantes vómitos y malestar- que hizo temer a propios y extraños un desequilibrio alimentario. Que todo el mundo pensaba que era bulímica, vamos. Pero no, fue el médico, dijo que se trataba de gastroduodenitis y le recetó una dieta blanda; ella respondió bien al tratamiento. La comida le sienta mal, dice la madre, porque ella está acostumbrada a comer verdura y pescado. Será eso, porque la falta de cariño del cocinero queda descartada: hay que ver cómo está Matías (y también Pedro) con Rocío. Demuestra casi tanta pasión como la demostrada a Inma por Pedro, entre tierno y salvaje, cuando pasaron un ratito en la cama juntos. Pedro no necesita mucho para animarse, por lo que se ve. Y por fin llegó un sorprendido Mario. Si el chico parecía caprichoso y machista dentro de la casa, fuera resultó igual: simpático y eso, pero con comentarios muy pocos afortunados, aunque algunos antológicos: «Yo pensaba que iba a enfermar -decía en referencia a la falta de sexo- pero no, y le preguntaba a Gus a ver si estaba vivo. Pero yo muy bien, no lo eché de menos». Un alivio para los espectadores.