El reconocido director estrena este viernes su película «Historia de un beso», segunda parte de la trilogía que empezó con «You're the one».
22 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.«Es difícil tener una perspectiva porque el trabajo está recién terminado. Sólo he visto la película una vez y creo que es una historia de amor, de amores como se decía antes», declara José Luis Garci. El próximo viernes estrenará Historia de un beso, producción que terminó de rodar el mismo día en que celebró sus veinticinco años de carrera con la emblemática Asignatura pendiente. Esta historia, protagonizada por Alfredo Landa, Carlos Hipólito, Ana Fernández, Tina Sainz y el joven santiagués Manuel Lozano, es la segunda parte de la trilogía que empezó con You're the one y que completará -«cuando Manuel Lozano crezca»- con Llendelabarca . -En «Historia de un beso» reincide en el amor y la nostalgia. -En Canción de cuna abordaba la bondad; El abuelo trataba del honor; You're the one giraba sobre el desamor y ésta es de amor. Da igual que te enamores a los diez años que a los 70, porque no cambia nada. El amor es como el éxito, te rejuvenece, uno se ve mejor en el espejo, desparecen las goteras... En este sentido, creo que es un filme esperanzador. -Que no es poco para los tiempos que corren. -Vivimos un presente muy violento a todos los niveles. Corea, India y Pakistán, los palestinos e Israel, y un Bush enloquecido con atacar Irak. Vamos, que la película es como tomarte una aspirina, como un bálsamo. -En sus últimos títulos retrocede en el tiempo. También en «Historia de un beso», que se mueve entre los años 20 y 40. -Pero no porque piense que cualquier tiempo pasado fue mejor. Hay películas, como Retorno a Brideshead o Tierra de penumbras, que son como un punto de inflexión, te permiten entender mejor el presente. Me siento cómodo reproduciendo ambientes, vestuario..., pero en el fondo situar una época es un problema de memoria. -Ha vuelto a Asturias, donde dice sentirse como en casa, para hablar de un escritor (Landa), cuya muerte hace que su sobrino Julio regrese al pequeño pueblo y a sus recuerdos de infancia. -Cada vez me preocupa más emocionar al público, hablarle en primera persona y que se vea retratado. En Madrid vive mucha gente que no es de aquí, y con esta película puede recordar a sus padres, a ese pueblo que tiene otra temperatura, a una vida distinta donde hay más bondad. -Pero el cine no va a cambiar el mundo. -Nos movemos con valores éticos equivocados. El éxito y el dinero son buenos, pero no son lo mejor. Ahora, el triunfo, dinero y el lujo están por encima de la bondad. La maldad es casi un reconocimiento. -¿Usted, cuando escribe, tiene todo esto en cuenta? -No es algo premeditado, son cosas que salen cuando estás creando y rodando una historia. Uno sabe qué quiere hacer y cómo, pero luego los actores tiran de tí, los personajes se te van de las manos... -Detener el tiempo parece ser su objetivo tras la cámara. -Es cierto que mi cine es cada vez más pausado. Me gusta el sosiego, la quietud y no mover la cámara porque, como decía Ford, para moverla tienes que tener una razón muy buena. En Historia de un beso, los movimientos son muy simples para producir algo suave. Estaría muy bien que mis películas fueran como un baño de agua caliente. -No le molestaría entonces que en el Festival de San Sebastián no seleccionaran su película por lenta, según se dijo. -Me hubiera apetecido mucho ir al certamen, al que acudí por primera vez como crítico en 1964, en la edición número doce. Yo no hablé con nadie del festival, sólo tengo la versión del productor Enrique Cerezo. El festival es soberano, y no quiero entrar en ninguna polémica. Además, a mí me gustan las películas de tempo lento.