Julia Ares expone sus obras, a caballo entre la escultura y la instalación, en A Coruña
17 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Varias planchas de cristal, grabadas con las huellas de unos pies, son la mejor metáfora para adentrarnos en el entramado expositivo de Julia Ares. Esta historia plástica sorprende al comprobar que las técnicas y los materiales no son los que, habitualmente, vemos en las salas de arte. De entre los muchos medios que la artista ha podido escoger para plasmar su producción, se ha quedado, después de recurrir durante años al esmalte, con el vidrio. Con un proceso delicado de ejecución, este elemento, estimado dentro del ámbito de la funcionalidad, se muestra con un valor eminentemente plástico. Pudiera parecer que, precisamente, por la imagen cotidiana que tenemos de los objetos de cristal, estas piezas carecieran de la dimensión artística que se le supone a otras creaciones. Pero, en este complicado ovillo de formas, estilos, técnicas y materiales y en la multiplicidad de tentativas que conforman el arte de hoy, resultaría resbaladizo aventurarse a medir la intencionalidad estética de esta intervención, cuya única relación con lo tradicional viene dada por la antigüedad del procedimiento empleado, con un origen histórico emplazado ya en el antiguo Egipto. Por lo demás, en la voluntad compositiva y en la forma en que se lleva a cabo el trabajo la obra de Julia Ares es hija de nuestro tiempo. Aquello de que «no queda nada por conquistar», expresión que se asocia con frecuencia al arte contemporáneo, se desvanece en este mundo transparente de ilusión. La imagen final de cada una de estas actuaciones se ha precisado previamente, la artista no deja margen al azar. El material se somete a sus pretensiones durante el tiempo de horneado; el resultado final se consolida en sus últimos pasos con el enfriamiento y la solidificación. Hilvanando cada momento de manera particular, Julia consigue piezas únicas con una carga simbólica que provoca especiales sensaciones en el espectador. El virtuosismo técnico logra filtrar el color del mar, estampar las gotas de agua y concebir que la ola sea, como cantó Pessoa, pequeña y enrollada. El tema marino que singulariza esta hibridación, a caballo entre la escultura y la instalación, ejerce una fascinación sobre la autora que se trasluce en una sensibilidad, que me atrevería a llamar, femenina. Atmósfera agradable Los roces, que aquí se lleguen a percibir entre el espacio acotado para el diseño y el arte, no hacen más que enfatizar una atmósfera agradable, que renuncia a formalismos retóricos y se desnuda abiertamente a través del encaje de imágenes, la participación del color o la luminosidad del frágil material; en este aspecto es significativo el nombre que le daban los egipcios al cristal: «deslumbrador». Desde aquellos primeros vasos de la antigüedad, el vidrio ha generado siempre expresiones dignas de elogios. En el Kiosco Alfonso, las composiciones de Julia Ares aparecen enmarcadas por el hierro, revestidas por el dibujo y perfiladas por telas y alambres. Son reflexiones que sorprenden y nos devuelven el sentido de la belleza, arrinconado, demasiadas veces, en la plástica actual. AQUA. Obras en cristal de Julia Ares. Kiosko Alfonso. A Coruña. Hasta el 4 de agosto