Carmela Arias quiso estudiar Arquitectura, pero una enfermedad pulmonar se lo impidió. Las venas se acartonaban en los bronquios y al dilatarse producían hemorragias con cualquier cambio. Después de años de sufrimiento, su tío Pedro Barrié la mandó a Suecia para que la operase el doctor Kraffort. La misma semana, el cirujano operó de la misma enfermedad a un joven finlandés de 16 años. «Si me dicen cual de los dos tenía que morir -le dijo Kraffort a Carmela tras la intervención-, yo hubiese dicho que usted, pero el finlandés sólo vivió 48 horas y usted vive y creo que vivirá muchos años». Afortunadamente para Galicia, Kraffort acertó. Y Carmela Arias, condesa de Fenosa tras su matrimonio con Pedro Barrié, se convirtió en el ángel custodio de la Fundación por aquél instituida, en 1966, cuyo mecenazgo es hoy orgullo de Galicia y de España (está considerada de las más importantes de Europa). Carmela Arias, nacida en la coruñesa calle de las Damas el 20 de enero de 1920, asumió, además de la Fundación, la dirección y perpetuación de todas las obras de su marido, cuando éste falleció el 14 de marzo de 1971. Fue, por ejemplo, la primera mujer en asumir la presidencia de un banco. Ella, al principio, se sentía abrumada por tanta responsabilidad, pero con constancia, prudencia y espíritu de trabajo venció todas las dificultades. Dentro de la labor de la Fundación, cuyo nuevo edificio fue inaugurado por la Reina Sofía en 1995, destacó siempre la promoción de la cultura y las bellas artes y desde las ayudas a organismos e instituciones públicas y privadas a la concesión de becas temporales y vitalicias hay un amplio muestrario donde elegir. Por su carácter dulce, su luto permanente en recuerdo de su esposo, su discreción en el trato, su austeridad y su amor a Galicia, a muchos les parece una reencarnación de Juana de Vega.