Gao Xingjian en el museo de Bellas Artes de A Coruña
01 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Cuando hace dos años Gao Xingjian (China,1940) recibió el Premio Nobel de literatura, perdió aquello que había anhelado durante toda su vida, el silencio y la paz para trabajar. Entrevistas, conferencias y viajes lograron perturbar su actividad creadora, y los primeros meses dejó de escribir y de pintar. Él que, como los pintores chinos de la antigüedad, buscaba la soledad para crear emociones, se encontró con la incomodidad que ocasiona la fama. Aunque ha vuelto a la tarea, sigue procurando eludir todas las citas posibles que le saquen de su aislamiento. Esta modestia y sencillez, casi monacal, sitúa la actitud de este artista bien alejada de aquella otra que los renacentistas calificaron como alter deus. Cultura cosmopolita La vida de este hombre ha estado cargada de experiencias reveladoras que convergen con la historia de las últimas décadas en su país. El hecho de haber nacido y haberse educado en un ambiente culto y liberal le ofreció la posibilidad de conocer tanto la cultura oriental como la occidental, accediendo a través de libros de la biblioteca paterna a filósofos, pintores y escritores de todas las épocas. En los años setenta sufre la represión de la revolución cultural; sus piezas de teatro son motivo de persecución por parte de las autoridades chinas, logra exiliarse y a finales de los ochenta se instala definitivamente en París. Desde muy pequeño había recibido clases de pintura. Durante mucho tiempo, manejó la acuarela y el óleo para concebir sus creaciones. En un viaje a Italia advierte el valor del color y la luz de los artistas occidentales, y llega a la conclusión que sus cuadros, al lado de los de los grandes maestros, resultaban pobres. Decide, entonces, cambiar de rumbo y retoma la técnica de la tinta de larga práctica en China, pero añadiéndole aires nuevos. La trayectoria de aquellas composiciones planas tradicionales conquistan en las obras de Gao Xingjian la profundidad de la perspectiva, las sombras y la luz que el autor logra gracias a la implicación de blancos, negros y grises, tonalidades que consigue mezclando la tinta con el agua. Como en las enseñanzas recibidas en su niñez, sobre el papel de arroz en el que trabaja, llega a fusionar ambas culturas. El arte, liberado así de todo tipo de diferencias y prejuicios, le ofrece la posibilidad de seguir pintando «el silencio, los interiores profundos de las sombras, las visiones que desfilan en el tiempo, que cambian a cada instante o aquellas que, firmes, pertenecen a tu universo interior...» Universo de siluetas En esta pintura de sensaciones, algunos de los títulos no hacen sino corroborar el sentido de sus palabras: La serenidad, La noche, El vuelo, La mirada... un universo de siluetas, efectos de contrastes y gestos personales que Gao Xingjian sabe transmitir al espectador. Esta muestra que ahora está en A Coruña estuvo en el mes de febrero en el Museo Reina Sofía en Madrid. En esta ocasión, el montaje disfruta de más aire entre las obras. Esta holgura ayuda a una visión, también, más amplia de las mismas. De nuevo, nos encontramos con un buen puntal en la programación de este museo. Gao Xingjian. Museo de Bellas Artes de A Coruña. De mayo a julio de 2002