Xurxo Oro Claro expone sus nuevas creaciaciones bajo el nombre «Laberintos»
18 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.En los años ochenta, cuando se impulsa una renovación del panorama artístico en Galicia, Xurxo Oro Claro manifiesta sus actuaciones artísticas sobre un lienzo; es la pintura la expresión plástica con la que comparte en Atlántica un expresionismo de formas exageradas y colores fuertes. El artista trabaja ya entonces con la idea de la mutación permanente que infunde al arte un continuo cambio de look. Dos décadas han sido suficientes para ver como en su producción la técnica y los argumentos han hecho mudar la práctica pictórica y la escultura, forzando incluso una relación entre ambas. En los noventa, la tela sustituye a la chapa galvanizada, y sobre esta superficie el acrílico establece relaciones con la resina, el serrín, el poliuretano y la fotografía. En esta profusión de sensaciones surgen los homenajes a Miró, Picasso y Jean Dubuffet del año 93. Poco tiempo habría de pasar para que Oro Claro buscase el montaje de nuevos gestos plásticos. El acero inoxidable y el cristal le permiten la posibilidad de que simples objetos lleguen a ser, también, el tema de sus esculturas. Cajas, lecheras, esquís, escaleras... construyen un mundo donde la escala se reduce o agranda expresando la diferencia con lo real. El acabado limpio y una clara voluntad por esencializar sitúa ya su obra cerca de propuestas minimalistas en las que, sin embargo, no se pierde la impronta de lo poético y afectivo. Son imágenes que se interpretan desde la elegancia, lograda con la renuncia a la exageración y al efectismo. De esta serie de objetos realizados en estos últimos cuatro años en la galería Ad Hoc perviven sólo los cubos y las botellas. En Laberintos, sus nuevas creaciones, el autor hace cómplices a los espectadores de sus reflexiones. Nos vemos reflejados en espejos que nos devuelven la mirada y compartimos pisadas de ida y vuelta que nos convocan al movimiento sin conducirnos a ningún lado; aunque insisten en buscar una salida. Esta metáfora plástica del camino bien pudiera tener su correspondencia literaria en el deambular de aquel personaje de Paul Auster, imaginado como escritor y detective, que, perdido en la vorágine de la jungla de cristal, daba vueltas y vueltas en el «ningún sitio» llamado Nueva York. El procedimiento de ejecución de estas piezas es laborioso. Las imágenes grabadas se ejecutan con un bolígrafo de relojero con punta de diamante, mientras que las pequeñas cuadrículas de acero, recortadas una a una, se tejen soldando una fina cinta de estaño que hace de enlace. La delicadeza de la técnica y la fragilidad del material dan como resultado una exposición que confirma la profesionalidad de un artista que, después de muchos años de interesante trabajo, aparenta tener más proyección fuera que dentro de nuestro país. O Grande Premio da Bienal de Vilanova da Cerveira, concedido en 2001 en el país vecino, parece confirmarlo. LABERINTOS de Xurxo Oro Claro. Galería Ad-Hoc. Vigo. Hasta el 22 de junio