VANGUARDIA BRASILEÑA

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xosé castro

08 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Vinicius Cantuária arriesga. Cualquier artista brasileño de su prestigio podría vivir de rentas eternamente. Podría llegar a la ciudad europea en cuestión, en este caso a A Coruña, interpretar su pequeña lista de éxitos (no hay que olvidar que Cantuária ha compuesto hits millonarios para mitos como Caetano Veloso), y dedicarse a decir ¿obrigado¿ tras los aplausos. La bossa nova es lo que tiene. Es un estilo firmemente asentado en la memoria musical mundial (como el blues, por ejemplo), y con un poco de maestría y otro poco de recuerdo de los clásicos (Jobim, Gil, etcétera) un músico avezado arrasa ante cualquier auditorio. Pero Cantuária apuesta por innovar. En sus discos y, por lo visto el lunes pasado, también en directo. Bajo estas premisas, Vinicius ofreció un recital que respondió a la etiqueta de post-bossa nova, es decir, a la mezcla de los ritmos y melodías de raíz brasileña con la vanguardia de aroma jazz que artistas como Arto Lindsay, Bill Frisell o Marc Ribot ¿todos amigos-colaboradores de Cantuária¿ han puesto en práctica durante los noventa. En A Coruña, Vinicius mostró el difícil camino sonoro que está abriendo: su música suena a veces a bossa, a veces a free-jazz y a veces a algo inclasificable. Para este empeño, Vinicius contó con el magistral apoyo del batería Paulo Braga (increíble este músico, que hasta con las palmas de las manos extraía el ritmo apropiado para cada momento), el virtuoso bajista Paul Socolow, y el no tan brillante trompetista Michael Leonhart (sus solos adolecían de una planicie que le distanciaba del resto del grupo). Por momentos, el experimento de Vinicius puede sembrar dudas en el auditorio de turno, pero, ya se sabe, los pioneros deben cometer alguna equivocación en sus ansias de innovación. El riesgo es peligroso. Pero excitante.