La japonesa KT, sobre un complot contra el presidente coreano Kim Dae Jung, cerró ayer el desfile de las 23 candidatas a los Osos de la Berlinale. Este filme de Junji Sakamoto -138 minutos de complejo suspense político-, precedido de Dekanpentavgoustos (Un día de agosto), de Constantinos Giannaris, ocuparon la última jornada. La trama de KT se remite a 1972, cuando el ahora presidente y entonces gran esperanza de la democracia coreana, Kim Dae-Jung, fue secuestrado en su hotel de Tokio, donde se había escondido de sus múltiples enemigos. Muestra un mosaico de confrontaciones latentes -las intercoreanas, las coreano-japonesas, amén de las tensiones entre Asia y Estados Unidos-, guerras entre espías antagónicos y conflictos personales. Algo todo ello que resultó demasiado denso para la recta final de la Berlinale. Por su parte, Giannaris cuenta la salida de vacaciones de varios vecinos de un inmueble, que queda a merced de un «revienta pisos» decidido a probarse sus vestidos, comer de su despensa y hurgar en sus vídeos. Un retazo de la vida cotidiana griega.