M. SÍO DOPESO TESTIGO DIRECTO Un café con Gisela, Natalia y Naim, en un alto en su gira por Galicia
09 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.ATALIA parece estresada. No es para menos. Sobre la mesa se le amontonan las fotografías que tiene que firmar a toda velocidad para que alguien se las lleve y las envíe por correo a sus fans. Tiene cara de niña muy maquillada y unas bonitas ojeras de cansancio que hacen juego con los aros plateados que penden de sus orejas. A su lado está Naim, la alegría de la fiesta y el más locuaz de los contertulios; parece la viva imagen de un anuncio de vaqueros. Y frente a él, Gisela. Lleva un pañuelo anudado a la cabeza al estilo corsario que enmarca un rostro dibujado a pura brocha. Echamos de menos a Álex, el guaperas de los expulsados, que se quedó en Madrid, porque perdió el avión o se encontraba indispuesto (elegir la versión que se prefiera). Gisela, Naim y Natalia están de sobremesa, recuperándose de los achuchones de los fans. Su paso por Operación triunfo les ha marcado hasta tal punto que parecen hermanos. Son tan majos y enrollados que por su forma de pensar, más que compitiendo en un programa de televisión parece que han estado en una ONG. «Yo en Operación triunfo aprendí a abrir mi corazón, a convivir y a compartir experiencias con mis compañeros», dice Natalia. Gisela, más distante ella, (la grabación con Disney imprime carácter) también aprendió los suyo: «Además de la técnica, me enseñaron a convivir con otra gente, porque yo siempre había vivido en mi casa con mi familia». A lo que Naim, más chulo que nadie, afirma: «Pues para mí Operación triunfo ha sido una herramienta para trabajar mis cualidades». Y como si ya estuviera de vuelta de todo añade: «Bueno, además también me ha dado tablas, que en esta profesión es algo fundamental». Llegados a este punto, la pregunta impertinente: ¿De verdad pensais que os merecéis tanta popularidad? (Silencio) Y contesta Naim: «Sí y no. Todavía no hemos hecho los méritos suficientes, pero hemos trabajado duro. La ventaja es que hemos tenido la suerte de que miles de personas nos hayan visto por televisión». ¿Y qué hay de la fama? ¿Qué será de ellos si se acaba?, nos preguntamos. Y otra vez Naim: «Somos conocidos, más que famosos. En realidad somos fenómenos sociales, ahora empezaremos a ser cantantes». Llegados a este punto, la conversación se relaja, y los tres protagonistas vuelven a parecer cooperantes de una organización no gubernamental que se profesa amor eterno. «Somos gente muy joven que luchamos por un sueño y unos ideales, pero no hay rivalidad entre nosotros, porque somos una familia», dice Natalia. Se quieren tanto, que no se atreven a hacer una quiniela de ganadores de Operación triunfo: «¿Tú eres madre? ¿A una madre no le puedes preguntar a qué hijo quiere más. Pues a nosotros tampoco nos puedes hacer elegir porque somos como hermanos», contesta Naim, mientras una aureola de santidad se instala sobre su cabellera engominada. Tampoco tienen malos recuerdos de su paso por el programa. «Todo fue fantástico», dice Gisela. «Hombre, hubo algún momento difícil. Para mí los más duro era cuando llegaba el momento de salvar a un compañero. Lo pasas fatal», confiesa por su parte Naim, haciendo un esfuerzo de sinceridad y entereza por contener las lágrimas. A todo esto, los teléfonos móviles no pararon de sonar un momento. Primero el de Gisela, luego del de Naim, después el de Natalia, otra vez el de Gisela... así todo el tiempo. No es de extrañar que Gisela haya recibido mensajes de Israel o de Moscú, con tanta llamada es fácil confundir los números. Lo de Naim ya es más creíble. Recibió un mensaje de Grecia que decía «jroña ke jroña», que, según él, traducido al español viene a decir algo así como «eres el mejor, chaval».