MIGUEL ANXO FERNÁNDEZ CRÍTICA DE CINE / VIDOCQ
28 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Es tan brillante su diseño de producción, tan audaz su planificación y tan vistosa la resolución formal de su conjunto que se pone al límite del empacho. Como un atracón de cine fantástico, que por una parte confirma que desde Europa (o más concretamente desde el cine francés, pues son los «imperialistas» del cine europeo...) se puede competir con Hollywood aportando frescura e ideas, pero por otra acaba ahogando la trama, pasándola a un segundo plano. Esos tics visuales que provocan el envejecimiento prematuro de una película en cuanto posa sobre ella el implacable paso de los años, porque la historia no evita los caminos del tópico pese al quiebro final, ciertamente truculento, como corresponde al género. Imaginación En Vidocq se puede rastrear la imaginación que desprendían filmes como Delicatessen o La ciudad de los niños perdidos (ambas de Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro, este último colaborando aquí con Pitof), y eso lo convierte atractivo, diferente. Da lo que muchos espectadores buscan, algo diferente. El propio Pitof deja claro que ni le interesaba el vestuario ni la ambientación histórica sino recrear «una película de época de ciencia-ficción». Pretensión osada, pero finalmente lograda. Sólo así se explica el tono frenético, taquicárdico y acrobático, dado a los entrentamientos entre Vidocq y El Alquimista. Depardieu, desbordante Sin embargo, y al margen de que no pueda evitar desconcertar, e incluso incomodar, conviene no pasar por alto lo bien estructurado del guión (trucos al margen) y el soberbio trabajo del desbordante Depardieu. Lástima que sea obra tan coyuntural, tan al servicio de esa moda clipera que llega a confundir fantasía con virguería.