REGRESO AL CINE DE IDEAS

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CÉSAR WONENBURGER CRÍTICA DE CINE/ INTIMIDAD

25 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Después de haber visto Intimidad, uno no comprende el monumental revuelo que provocó su exhibición el año pasado en la Berlinale, donde obtuvo el primer premio. Película que roza los límites de lo permisible y llega a caer en la pornografía, dijeron entonces algunos medios, proclives a atizar falsas polémicas con clara intención amarillista. Intimidad, basada en un relato de Hanif Kureishi, es una película adulta, rara en el panorama actual de un cine europeo entregado a las consignas de Hollywood, más preocupado por la facturación global del negocio que por los contenidos, pero nunca pornográfica. Así que, si alguien esperaba alguna otra cosa, mejor que se abone al Plus o alquile un vídeo. Chéreau atrapa el sexo de manera descarnada, sí, lo filma tal como es, sin fondo musical de Kenny G ni posturitas estudiadas. Su cámara retrata el combate cercano de dos cuerpos que se buscan, se atrapan y luchan hasta quedar exhaustos, para dar la idea de que en ese contacto íntimo, febril, despojado de retórica, los contendientes anónimos desean sólo liberarse de sus angustias, dudas y frustraciones. Pero el amor está siempre al acecho. El director francés capta a la perfección, con sobriedad, la atmósfera agobiante, nihilista, del Londres menos glamouroso: esa gran ciudad que impone un ritmo de vida frenético a sus sonámbulos habitantes, perdidos entre la incomunicación, la rutina y el tedio. Por todo ello, el filme constituye un tratado moderno y actualísimo sobre la existencia y el espacio en el que ésta transcurre, el de las relaciones humanas, en la sociedad urbana contemporánea. Puede sonar complicado; casi todo lo que suele merecer la pena lo es, en apariencia.