MERCEDES ROZAS Verner Panton, en la Fundación Barrié
19 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.En los museos de arte contemporáneo, el diseño tiene hoy un espacio destacado; es una realidad evidente que se ha producido al valorarse esta actividad dentro del contexto de evolución cultural y modernidad que se vive en la segunda mitad del siglo pasado. A finales de los años cincuenta, cuando la funcionalidad de los módulos se impone como resultado de un cambio de hábitos, el diseñador Verner Panton construye sus primeros objetos. Este arquitecto frustrado tuvo la audacia de adelantarse a su tiempo, asociando elementos utilitarios con efectos emocionales y estéticos. Lo que en su momento algunos consideraron como provocación, se reconoce hoy como un trabajo que abrió insospechadas vías de imaginación en el mundo de los muebles y la decoración de interiores. Panton forma parte de un grupo de profesionales que crearon su trabajo en una deliberada confluencia artística e industrial. Aunque muchos de estos proyectos acabarán confundidos y multiplicados entre el tropel práctico de las estanterías de los grandes almacenes, otros perdurarán como símbolos de una época; quién no recuerda, sino, la famosa botella de Coca-Cola, hoy en el MOMA de Nueva York. La conexión del diseño con el arte, en general, ha sido siempre fructífera. Muchos cineastas y artistas tuvieron en cuenta sus posibilidades a la hora de integrarlo en sus obras. A través de los muebles diseñados por Olivier Mourgue, Stanley Kubrick logró inventarse el futuro en la nave espacial de 2001: Una odisea del espacio, y David Hockney nos mostró, en el silencio de los interiores urbanos de su pintura, el mobiliario de moda en la California de los cincuenta. Las formas redondeadas y orgánicas nacidas de las manos de Bárbara Hepworth y Henry Moore ayudaron a moldear algunos de estos caprichosos productos. Más de cien obras integran la retrospectiva dedicada en la Fundación Barrié a Verner Panton. El empleo de materiales innovadores, los reflejos de la luz y la aplicación de la geometría son los ingredientes de un estilo que convierten en original al más corriente de los objetos. Los cambios en este sector han sido tan vertiginosos que las sillas Panton y Cono, consideradas entonces como atrevidas e innovadoras, hoy nos pueden parecer ya clásicas. En el momento que se plantea vestir las paredes de una habitación o un restaurante con sus paisajes espaciales, el diseñador danés sucumbe ante las leyes dialécticas del color, explotándolas en combinaciones de juegos cromáticos y efectos ópticos; en este caso, Panton se deja sugestionar, como toda su generación, por el Op Art, estilo artístico que se fusionó con la vida cotidiana, aportando el toque sicodélico al ambiente de una época.