El hombre y sus mujeres

REDACCIÓN A CORUÑA

TELEVISIÓN

XURXO LOBATO

El escritor, con fama de galante, sorprendió a todos cuando en su madurez se emparejó con una periodista cuarenta años más joven Camilo José Cela siempre fue un coqueto y un galante con las señoras, y varias mujeres pasaron por su vida. Pocos escritores pueden presumir de tener como chófer a una escultural modelo negra, que el nobel llamaba, con su provocativo humor, «Oteliña».

17 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Lo que sí es más común es lo de las dos esposas. La primera fue discreta y sólo tras la humillación de su divorcio salió en los «papeles». Con la segunda, en cambio, comenzó a airearse la vida privada y social del Cela hombre. El marquesado de Iria Flavia otorgado en 1996, y la boda religiosa con la periodista fueron los dos grandes hitos sociales de sus últimos años. Camilo José Cela fue en lo social, como en todo lo que hacía, apasionado y polémico. Aunque estuvo casado durante 44 años con María del Rosario Conde Picavea, el Nobel gallego estará en el recuerdo de todos junto a su segunda y última esposa, la periodista coruñesa Marina Castaño, que ejerció en los últimos años del escritor como mujer, consejera, ayudante y enfermera. El romance del escritor y la periodista, cuarenta años más joven, se supo poco antes de recibir el prestigioso premio sueco, y de hecho el viaje a Estocolmo estuvo rodeado de controversia. Ante tan importante cita, Cela quiso contar con la que era, desde hacía unos dos años, su compañera sentimental. De su esposa, todavía legalmente, sólo comentó: «Prefiero que no me acompañe». Acto seguido, Charo Conde salió en los medios de comunicación quejándose por el desplante pero apoyando la carrera de su ya ex-marido. Legalizado Poco tiempo tardó Cela en legalizar su situación con Marina Castaño. Fue el 10 de marzo de 1991 (la fecha es curiosa, ya que su anterior boda había sido un 12 de marzo) cuando se casaba por lo civil con la periodista. Con más calma, en julio de 1998, y gracias a la nulidad matrimonial que le llevó el prestigioso letrado José Salazar Abrisqueta, la pareja formalizó católicamente su compromiso. En aquella ocasión el padrino fue nada menos que Federico Trillo, miembro del gobierno y afín al Opus Dei. En aquel momento, el que recibió en la pila bautismal los nombres de Camilo José Manuel Juan Ramón Francisco de Jerónimo ya lucía en sus cartas el membrete de un marquesado. El Rey Juan Carlos le concedió en 1996 -coincidiendo con el ochenta cumpleaños del gallego- el título de marqués de Iria Flavia, su amada cuna. El lema no pudo ser más oportuno, al tratarse de una frase repetida siempre por el escritor: «El que resiste, gana».