Walt Disney se hace centenario

B.P.L. A CORUÑA

TELEVISIÓN

CIEN AÑOS DE UN MITO El creador del ratón Mickey y autor del primer largometraje de animación sigue influyendo en el cine Fue el Dios de un pequeño mundo que se anunciaba como una «cascada de colores», el creador del ratón más famoso y el inventor de los dibujos animados como hoy se conocen. Una fachada de felicidad perfecta detrás de la cual se escondía Walter Disney, un dibujante considerado como un artista mediocre pero que supo mover los hilos necesarios para levantar un imperio donde sólo había imaginación. Mañana, día en que habría cumplido cien años, será recordado como un genio por la mayor empresa multimedia del mundo, la suya, así como en los parques temáticos y en los cruceros de lujo que han sido bautizados con su nombre.

03 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Walt Disney es mucho más que un nombre propio. Es una marca registrada detrás de la cual se ocultan cientos de dibujantes empleados de la mayor compañía multimedia del mundo, con ventas anuales de 22.000 millones de dólares (unos 4 billones de pesetas). Todos trabajan para preservar y dar aún más lustre al nombre del creador de los dibujos animados que hoy, muchos años después de morir y a pesar de los avances de la tecnología, sigue influyendo todavía en la forma de hacer animación. Pero Disney fue también uno de los primeros genios del márketing, pues, además de facturar un producto impecable, supo venderlo de la manera más favorable para sus intereses. Uno de sus principales objetivos fue el de ofrecer al mundo la imagen de un hombre corriente y sencillo que, como igual que los enanitos de su Blancanieves, siempre silbaba al trabajar, porque se sentía totalmente feliz. Pero la verdad era otra muy distinta. Walt Disney no se sentía satisfecho con ser la encarnación viva del sueño americano, un hombre que había salido de una familia con pocos recursos y se había hecho a sí mismo. Cuentan sus biografías que, marcado por un padre violento, había desarrollado un carácter introvertido, desconfiado, capaz de encerrarse durante horas en su despacho sin hablar con nadie y con una gran tendencia a controlarlo todo. De ahí que la posibilidad de crear un mundo alternativo a la realidad fuera un sueño que luchó por convertir en realidad. Los dibujos animados fueron la clave perfecta, porque con ellos todo podía estar bajo su control. Como diría Hitchcock, si un actor de sus películas no le gustaba sólo tenía que coger la goma de borrar. Cuando le preguntaban qué aspecto de su vida le hacía sentirse más orgulloso, lo primero que venía a su cabeza no eran los niños a los que había hecho sonreír, sino el hecho de «haber podido construir toda una organización y controlarla».