CUÉNTAME...

La Voz

TELEVISIÓN

MIGUEL A. FERNÁNDEZ INTERFERENCIAS

23 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

La nostalgia es material inflamable, sobre todo cuando se convierte en añoranza, que los viejos tiempos sólo son eso, viejos. Cinco millones largos de telespectadores se cuelgan cada jueves de La Primera para asistir a las peripecias de los Alcántara, lo que entonces era una familia de clase media baja en el Madrid del 68. Y si lo hacen será porque les gusta compartir las tribulaciones del hombre de la casa, un español de tantos, un carca a la fuerza que no acaba de ver muy claro todo eso de la emancipación femenina. En el contexto del serial dirigido a un público familiar, digamos que Cuéntame... se ajusta al manual con unos guiones francamente ñoños, casi disneysianos. El menor es quien va narrando (ya adulto) y subrayando en off, las diferentes situaciones hasta cerrar la trama con una reflexión. Todo muy correcto, muy amable, de sonrisa en la boca y ánimos para encarar la cama, que mañana aguarda el curre. Pero conviene abrir los ojos y mirar un poco más allá. Quizá un deje de amargura tampoco vendría mal, que aquellos tiempos ni fueron jauja ni el país de entonces era el de las Maravillas. Los riesgos de la nostalgia. Se aprecia su elaboración, que no es fácil ambientar una época próxima aunque tan antigua como aquélla. Pero los personajes son, hablan y sienten como si vivieran ahora mismo. Y eso es truco. A veces en los cuentos como Cuéntame... la fantasía se vuelve trola.