«Tengo influencias de dos mil pintores»

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Granell, tajante e irónico hasta el final Hasta el último aliento, hasta la penúltima palabra, hasta el borde de los noventa años, Eugenio Fernández Granell mantuvo sus ideas, su lenguaje nítido y rotundo y su ironía. En la entrevista emitida ayer por el programa de Canal Plus «Epílogo» se despachó agusto.

26 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

GRANELL mantiene su ironía en el desértico escenario: «Soy el único español que nunca fue el mejor amigo de García Lorca. Hay 600 millones de españoles diciendo que fueron sus amigos, que escribieron especialmente para él...». En varios momentos Granell es especialmente tajante. Así, opina de Francisco Franco que «mató a un millón de personas» y «fue un bestia, un bárbaro, uno de los gallegos más bestia del mundo». De su militancia política recuerda que «los estalinistas eran unos canallas, las carnicerías de Stalin en su país coincidieron con el inicio de la guerra española y sabíamos lo que hacía por la prensa, porque leíamos los periódicos franceses». Al hablar de la Guerra Civil española comenta, sin la menor emoción, que le intentaron matar tres veces y un militar le protegió, haciendo que usara sólo el apellido Fernández y poniendo a su disposición un caballo y una persona que le protegiera para huir en caso de peligro, montura que «usé varias veces». Sobre los nacionalismos, a los que es claramente contrario, argumenta que «son como un grupo, unas tribus; Pujol hace la tribu catalana; Fraga hace la tribu gallega y los vascos, que no tenían ni lengua, siguen al cretino aquel de principios de siglo, aquel idiota ... Eso, Sabino Arana». Preguntado explícitamente sobre Manuel Fraga redondea que «tiene talento pero es malo». Otro gallego entra en escena cuando recuerda que a María Zambrano no le habían dado el premio Nobel y «se lo dieron después a Camilo José Cela porque al Rey del sitio donde dan los Nobel le gustaban los chistes de Cela, que decía muchas porquerías». La memoria le lleva por los recuerdos sobre el escritor de Padrón con palabras demoledoras: «Cela era un espía y un delator que era lo peor que se podía ser entonces en España; cuando en la escuela un niño era chivato los demás no le hablaban». ¿Cómo le gustaría que le recordara su familia? A la pregunta le sigue el silencio más largo de los cincuenta minutos de conversación y la respuesta fue de una muestra de exquisito respeto hacia sus allegados respaldado por el argumento de que «me cuesta imaginar lo que pueda hacer otra persona». Ante la insistencia, sobre el deseo de un recuerdo general, apuntó que «me gustaría que se acordase de mi como una persona decente». Responde que «no sé que es eso» de ser profesta en su tierra y es rotundo sobre la ciencia actual: «está haciendo monstruosidades, como eso de que de un caballo salga otro caballo sin...». Acerca del surrealismo apuntó que ahora ya está admitido y se puede definir de manera espiritual como algo que obedece a dos aspectos de la creación: «Trabajar con libertad y vivir con amor». Con su capacidad para pasar de lo artístico a lo prosaico, Granell argumenta que «lo que hago lo hago con verdadero entusiasmo y no por ganar dinero, que me repugna el dinero, aunque sin él no se puede comer ni un churro y a mi los churros me gustan mucho». En cuanto a los artistas que influyeron en su pintura, argumentó que «no se de dónde viene mi estilo; tengo influencias de alrededor de dos mil o tres mil pintores de los que he visto sus obras». Sostiene que su religiosidad acabó con su niñez, elogia a Amparo, su mujer, y asegura que con la muerte de sus amigos «quedé marcado porque le faltan a uno esas alas que tiene la amistad». Concluye Eugenio Fernández Granell que «la pérdida del espíritu es muy grande y la sociedad tiene que recuperar el valor de lo espiritual».