Zapatero pide un aplazamiento de su declaración por la «complejidad» del sumario
Quim Monzó, escritor catalán que acaba de publicar «Ochenta y seis cuentos» Los cuentos de Quim Monzó (Barcelona, 1952) condensan en su brevedad imágenes y emociones. El escritor, que presentó en Compostela su último libro, «Ochenta y seis cuentos», editado por Anagrama, no concibe la literatura sin humor, recurso indispensable «para superar lo trágica que es siempre la vida». «El humor responde a que soy bastante pesimista», asegura.
08 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.A Quim Monzó le han reprochado que hace poca descripción psicológica. Y es que para él no es necesaria. «Es más, me molesta -dice-, porque para definir a un personaje basta con cuatro rasgos». -Y no les da nombre... -Me cuesta mucho que se llamen Juan, María... Prefiero identificarlos como el hombre que llevaba una camisa azul. Es algo que no he inventado. Cada uno tiene su canon y monta su altar con sus santos. -¿Por qué este título? -Me gusta leer los cuentos en voz alta como una prueba final. Y hace unos años me dí cuenta de que algo fallaba, que las construcciones estaban, no sé, sucias. Los había escrito hace unos veinticinco años. Así que los pulí sin entrar a saco ni desvirtuarlos. Eliminé tres que no me gustaron y quedaron ochenta y seis, y decidí que ése fuera el título que reuniera lo publicado en cinco libros con títulos lógicos. -¿Cómo ha evolucionado? -Hay temas, obsesiones que se perpetúan; otros se difuminan y algunos aparecen al cabo de años. Creo que los primeros cuentos son de un joven que se cree Dios, que se come el mundo; y los últimos, los de un tipo que ya no se va a comer el mundo, que sabe que la vida es corta. Pero soy más obsesivo, y dar por bueno un cuento es tremendo, nunca está perfecto. -¿Por qué sus historias acaban en lo absurdo? -Odio, me aburre, el realismo. Todo parte de un hecho real, pero esa polaroid ya la tengo, y si no puedo introducir nada más no escribiré. Los escritores que he adorado, italianos y americanos, rompen la normalidad y la convierten en agobiante o absurda. Es lo que me excita al leer y lo que me gusta al escribir. -El último de los cuentos no parece casual. -Nadie me había preguntado por eso. Lo escribí en un momento en que me planteé no seguir escribiendo. El protagonista no encuentra ningún libro que le atraiga y anuncia que está postergando un suicidio. Y lo propuse al final del libro Guadalajara porque este cuento era como una confesión de que no seguía con esta vida, que era el último.