La Casa de Galicia acoge hasta el próximo día 29 de julio una exposición con 54 playas de la comarca Que Madrid no tiene playa está claro, pero desde ayer, y hasta el próximo 29 de julio, la Casa de Galicia acoge una exposición de Antonio González que permitirá a los visitantes gozar, aunque sólo sea un instante, del espectáculo permanente que suponen las riberas del Ortegal. Periodista de profesión y pintor por vocación, González ha acercado a la capital una muestra más que representativa de los paisajes que las costas de la comarca coruñesa de Ortigueira ofrecen al ojo humano.
03 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Con la paciencia y el tesón de un pescador de caña, Antonio González ha entresacado, de las riberas del Ortegal, un puñado de paisajes que ha ido guardando en su memoria desde hace 30 años, cuando llegó de vacaciones a una pequeña aldea del municipio de Ortigueira, Céltigos, de la que quedó prendado. En la muestra inaugurada ayer en la Casa de Galicia, el pintor, un auténtico autodidacta, recoge una primera colección de carácter descriptivo. Es lo que él define, con reminiscencias de su antigua profesión de periodista, como una «crónica gráfica del Ortegal». La segunda parte de la exposión es una mezcla de pintura y relieves formados a base de las rocas extraídas de los acantilados de la zona. El objetivo del artista con esta original técnica figurativa es que el espectador pueda «ver la obra con el tacto». Antonio González, que ya en mayo de este año expuso en el Palacio Municipal de A Coruña una muestra de 35 paisajes urbanos de la ciudad herculina, ofrece ahora en Madrid una tercera visión de la comarca coruñesa. Se trata de una interpretación de las orillas de la costa a vista de gaviota. A lo largo de tres salas y tres estilos, el visitante de la exposición puede disfrutar, en Madrid y a 600 kilómetros, del mar y de la ribera del Ortegal. González quiere rendir homenaje, con esta colección, a un paisaje, el de Céltigos y su entorno, que le ha servido, según afirma, «de terapia contra el estrés durante toda mi vida profesional». Su vinculación a la comarca de Ortegal le viene por vía familiar -su mujer es coruñesa- y la muestra que ayer se inauguró es, según explica, «un volver a nuestras raíces».