EL RITMO ALEGRE DE LA MELANCOLÍA

La Voz

TELEVISIÓN

CÉSAR QUIÁN

JUAN TORREIRO DULCE Y CANALLA

06 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

eguramente que el Coliseo no fue el mejor escenario para acoger el concierto de Cesaria Evora el pasado martes. Por ese motivo, seguramente, la cantante de Cabo Verde no se encontró del todo cómoda en el recinto coruñés. Cesaria Evora no disimuló su malestar, incluso, en un momento de la actuación, después de presentar a la docena de músicos que la acompañaba, paró el concierto durante unos minutos ante el desconcierto general, el tiempo de fumarse un cigarrillo y charlar con su pianista. En ningún momento se consiguió la intimidad necesaria para disfrutar del repertorio de lánguidas mornas y festivas coladeiras, a pesar de la entrega de los cerca de mil quinientos espectadores asistentes. Demasiados puntos de distracción, demasiado espacio vacío donde las melodías se perdían en la inmensidad del Coliseo sin posibilidad de retorno. Se trataba de un concierto acústico, sin potentes amplificadores, sin miles de watios zumbando en los oídos, en el que los músicos necesitan sentirse arropados por el sonido y por un público cercano, atento. Fiel a su carácter, Cesaria Evora no dio ningún tipo de concesión. La diva de los pies descalzos entró discretamente en el escenario y sin mediar palabra se limitó a cantar un tema tras otro. Abrió con Sao Vicente di Longe, canción que da título a su último disco, el octavo de su carrera, sin duda el más alegre y también el más ambicioso en cuanto a la producción, con colaboraciones de lujo como las de Caetano Veloso, Chucho Valdés, Jaques Morelenbaun o Pedro Guerra, con quien interpreta en castellano Tiempo y silencio. Este trabajo fue el grueso de su actuación en la que intercaló ritmos calientes como los de Sabor de pecado con sus melancólicas Sodade (tema que define el universo de esta cantante) o Destino negro. Antes de despedirse nos dejó una hermosa versión del bolero Bésame mucho y la divertida Nutridinha. Luego se marchó con la misma discreción con la que entró, no sin antes agradecer el cariño del público. No hubo tiempo para los autógrafos, Cesaria Evora desapareció inmediatamente del Coliseo tal y como definió uno de sus músicos: «Ella es así».