Seis décadas de Bob Dylan

ÁNGEL VARELA A CORUÑA

TELEVISIÓN

El cantautor cumple hoy sesenta años en la cima del éxito y tras conseguir una estatuilla en la última edición de los Oscar Tres acordes y la verdad. Sesenta años después de su nacimiento, Bob Dylan aún responde a la definición realizada por Bono de U2. Un 24 de mayo de 1941, Robert Allan Zimmerman veía la luz de un mundo que a partir de 1960 lo conocería por Bob Dylan. Desde entonces, su cada día más rota voz ha vaticinado hecatombes en «A hard rain''s a-gonna fall», profecías en «The times they are a-changin''» o amores fugaces en «I want you». El resumen de este laberinto emocional podría recogerse en una frase que Bruce Springsteen le dirigió: «Eres el hermano mayor que nunca tuve». Para muchos melómanos, Dylan es exactamente eso.

23 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Bob Dylan forma parte de una estirpe de músicos que han intentado derrotar a la falsedad con sus canciones. Su primer guía en esta lucha fue Woody Guthrie, cantautor que recorrió EE UU con el lema «esta máquina mata fascistas», escrito en la guitarra. En octubre del 61, firmó su primer contrato y, en el 62, debutó con su primer disco (Bob Dylan), que inició la lista de álbumes que le convertirían en adalid de la canción-protesta. Eran los tiempos de la lucha por los derechos civiles y de la gran marcha pacifista hacia el Capitolio de Washington. The freewheelin (1963), The times they are a-changin (1964), y Another side of Bob Dylan (1964) le dieron la corona virtual de rey del folk. Su propio seudónimo parecía estar inspirado en Dylan Thomas, poeta que murió sumergido en un coma etílico. El dato fue rebatido por el cantante varias veces que, harto de desmentirlo, dijo que «si me hubiera inspirado en él me habría llamado Bob Thomas, no Bob Dylan». Ésta fue una de las primeras respuestas agrias que han marcado su carrera. Pero pronto inició una etapa de renovación que culminó con Blonde on blonde (1966), hito en la industria discográfica al ser el primer álbum doble de la historia. Los setenta fueron una vuelta a las raíces judías de sus padres y la incursión en el cine, con un papel en Pat Garret & Billy the Kid de Sam Peckimpah. En los ochenta, Dylan dio un giro hacia el cristianismo que plasmó en Slow train coming, Saved y Shot of love. Las críticas arreciaron y escuchó el sonsonete de «está acabado» por primera vez. Sin embargo, el álbum Oh, mercy (1989) le lanzó de nuevo. Su calidad musical se volvió a imponer en el magnífico Time out of mind y en la última ceremonia de los Oscar, en donde recibió una estatuilla por la canción Things have changed. Y es que el tópico a lo mejor acaba por ser cierto: los viejos rockeros nunca mueren.