Una carpeta de dibujos recoge la magia que rodea los monumentos coruñeses «Se me ocurrió ver A Coruña con otros ojos, buscar lo mágico que hay alrededor de cada uno de sus monumentos, algo así como ver el alma de la ciudad». De esta forma explica el arquitecto lucense Carlos Montero López el contenido de una carpeta con una docena de láminas, de la que es autor y que acaba de editar la Diputación provincial coruñesa. Los carteles, de 60 por 30 centímetros, están dibujados con una técnica que combina la pluma y el lápiz de color.
18 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.El resultado del trabajo de Carlos Montero (Lugo, 1946) son las doce láminas que forman parte de 250 carpetas que ha editado la Diputación coruñesa. Los dibujos están hechos con una técnica consistente en pluma y lápiz de color. «Luego se fija y se funden un poco los colores», explica el autor. El destino de la publicación, con textos de María del Rosario Arriaza (Madrid, 1947), son regalos institucionales. El autor comenta que la idea de pintar estas láminas se remonta a 1989. Entonces sufrió un accidente de coche, «que pudo ser muy grave, y me tuvo cuatro o cinco meses parado». Fue algo así como una segunda oportunidad y decidió retratar con su imaginación lo bueno de su ciudad adoptiva. Convalecencia creativa Durante la convalecencia empezó a pintar las láminas. «Todas debían tener no sólo lo que es el edificio en sí sino su alma, lo que tiene detrás», explica Montero. En el texto de las carpetas, afirma el autor que A Coruña es «una de esas ciudades mágicas por excelencia, por su situación, por el encanto de su gente, por su historia, que nos ha dejado construcciones tan significativas como las doce cuyo carácter ha sido trasladado al papel». Así están dibujados el Obelisco, «con la primera noche mágica de Carnaval»; el ojo vigilante de la Torre de Hércules; la Colegiata de Santa María del Campo, que «levanta sus plegarias hacia los mareantes»; el baluarte de San Carlos, con la tumba de Jhon Moore; el palacio de la Diputación provincial; el castillo de San Antón, que «guarda la clave de todas las batallas»; el palacio de María Pita; el Kiosco Alfonso, con su factura modernista; la iglesia de San Jorge; las galerías «plenas de luz»; la Casa de las Ciencias, y el Palacio de Congresos.