Bamboozled, el último exponente de cine «negro militante» de Spike Lee, y Joint security area, sobre el conflicto intercoreano, dieron ayer el toque político a la Berlinale con dos perspectivas opuestas sobre las posibilidades de superar, o no, las fronteras entre vecinos. Ocho años después de pasear con éxito en Berlín su Malcolm X -Oso de Plata al actor Denzel Washingtonn, en 1993-, Lee regresó con otra dosis de denuncia contra el racismo en Estados Unidos. Su historia no gira esta vez en torno a un héroe de la comunidad negra, sino a un guionista de color necesitado de diseñar un producto capaz de disparar los índices de audiencia de una cadena de televisión. Pero su intención sigue siendo la de entonces: mostrar la «opresión permanente de un pueblo, 400 años después de la abolición de la esclavitud», según dijo. Imperativos económicos Con ese mensaje presentó Lee su Bamboozled, una película rodada con técnica digital por razones de presupuesto, porque, según el director, no se encontró un productor dispuesto a arriesgar más dinero en el proyecto. Los imperativos económicos no han estropeado el producto, sino todo lo contrario, ya que en el aire experimental y «barato» del filme está precisamente su mayor encanto. Al máximo representante del cine afroamericano se le aguardaba en Berlín con escepticismo, ya que su película fue recibida en su país con críticas de exagerada y excesivamente brutal. Esta fue también la impresión que dejó en Berlín, sobre todo por el baño de sangre en que acaba la idea del guionista.