Figura puntera del arte español del siglo XX, revolucionó el arte religioso con sus crucificados Benito Prieto Coussent, uno de los más geniales pintores españoles del siglo XX, fue enterrado ayer en Granada, tras fallecer el domingo a los 93 años de edad. Prieto Coussent nació en Ribadeo, aunque se afincó en Granada en los años 40. Dibujante y retratista excepcional, revolucionó la pintura religiosa con sus Cristos crucificados, de inusitada fuerza y desgarro expresivo. La muerte le sobrevino cuando el Concello de Ribadeo -con el apoyo del dramaturgo Daniel Cortezón- le preparaba un homenaje.
06 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Las muestras de condolencia por la muerte de Benito Prieto, por la gran pérdida que supone para el panorama artístico español, se sucedieron en las últimas horas. El presidente de la Xunta, Manuel Fraga, se sumó a ellas, expresando su pesar "pola desaparición do xenial artista ribadense". En Ribadeo, la idea de rendirle un homenaje se barajaba desde hace tiempo. Fue Dionisio Gamallo Fierros _fallecido hace un año en Madrid_ quien la planteó. A su muerte la retomó el Concello. Daniel Cortezón, amigo íntimo de Benito Prieto, elogió ayer su figura: "Su importancia en la pintura es universal. Su famoso Cristo, con sus múltiples variantes, figura como una obra fundamental en las antologías de arte sacro. Fue uno de los principales innovadores, porque renovó la idea del Cristo crucificado". Prieto está considerado un pintor de fuerte personalidad, dominador del dibujo y de la expresión en su más descarnado realismo. A lo largo de su larguísima carrera hizo multitud de retratos y grades lienzos dedicados, entre otros, al padre Damián _el apóstol de los leprosos_ y, curiosamente, al doctor Barnard. En sus cuadros, Prieto siempre puso un sello de denuncia. Días sin comer Benito Prieto era una persona de carácter ascético, que podía pasar varios días sin comer ni beber para fortalecer su espíritu, según Cortezón, quien destacó la lucidez que atesoró el pintor hasta sus últimos días. De hecho, a sus 93 años seguía trabajando en Granada en varios proyectos artísticos. Sobre su estado, en 1969 le decía a Pedro Rodríguez: "Usted se habrá fijado en mi cara. Míreme, yo soy un hombre que ha muerto muchas veces. Tengo las huellas de quien ha entrado en la agonía. Es algo que no tiene que ver con el vigor físico". Y añadía: "Si no hubiese sido robusto hubiese muerto pintando. La creación, cuando es de verdad, produce una verdadera congoja, una sensación de muerte".