Carlos Reigosa, escritor Carlos González Reigosa, lucense de A Pastoriza, es uno de esos autores de trayectoria marcada por el buen hacer que de tarde en tarde se da en la literatura. Periodista y escritor por vocación, cultiva con igual dominio relato, novela, guión y ensayo, que ha sabido tratar con oficio de artífice mediante el nexo de la palabra escrita, su herramienta de trabajo.
03 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Dotado de talento creador, expresividad descriptiva e imaginación, su estilo, impecable en los aspectos formales, está impregnado de la riqueza y la pasión narrativa de Cunqueiro o Faulkner. Es autor de obras como Homes de tras da Corda y As pucharcas da lembranza -dos magníficos libros de relatos que, como dijo Alfredo Bryce Echenique, nos traen «ecos de grandes literaturas»-, Oxford, amén -una novela que se alimenta de los sueños de la juventud del 68-, Los otros disparos de Billy -aforismos y cuentos sobre la libertad, el poder y la condición humana-, Irmán Rei Arturo -una recreación en el mejor estilo de Mallory-, y ensayos sobre periodismo. Ahora llega la traducción al castellano de La guerra del tabaco, tercera de sus novelas de Carlos Conde y Nivardo Castro. Reigosa cree los hérores para sus obras se pueden encontrar en el bien y en el mal. -¿Qué ha intentado hacer en «La guerra del tabaco»? -He intentado contar bien una buena historia, es decir, narrar unos hechos de ficción de modo que la intriga se convierta en el motor de la obra. En paralelo, he pretendido mostrar todo un mundo entre rural y urbano en el que se desarrolla la peripecia del contrabando de tabaco, que en nuestra tierra tiene una tradición indeseablemente larga pero innegable, imposible de ocultar. -¿Hay elementos reales en esta novela? -No. Hay un mundo de fondo, que existe y que le presta a la novela un marco histórico para su desarrollo, pero ahí acaba la relación de la obra con la realidad. Los personajes son todos de ficción, y el tema que se narra también es fruto de la imaginación. He intentado por todos los medios que la realidad no me estropease una buena historia, al revés de lo que ocurre con el reportaje periodístico, que debe someterse a los hechos reales. Dicho en otras palabras, he procurado que la novela, como género de ficción, se atuviese a la definición de Sthendal: ser un espejo a lo largo del camino. Y creo que lo es. -¿Qué pasa en ese primer plano que usted fabula? -En el primer plano, en el plano que pertenece a la ficción, están las grandes cuestiones que caracterizan al ser humano de todos los tiempos: la ambición, la fidelidad, la traición, el valor, la amistad, la transgresión, la marginalidad social. Se trata de personajes corales en la medida en que reflejan una franja social y forman parte de ese fresco colectivo que es el mundo del contrabando y del narcotráfico.