El crítico Fernando Méndez-Leite participó ayer en Santiago en un seminario sobre el mítico director Iconoclasta, simbólico, surrealista. Los que lo acusaron de provocador y ateo tuvieron que rendirse finalmente a su condición de genio. El centenario del nacimiento de Luis Buñuel sigue acogiendo homenajes a su obra y figura, homenajes que según el crítico de cine Méndez-Leite, «le harían muchísima gracia».
18 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Santiago acoge durante esta semana uno de los múltiples actos programados con motivo del centenario del nacimiento de Luis Buñuel. El crítico de cine y director de la Escuela de cine de Madrid, Fernando Méndez-Leite, fue uno de los encargados de explicar la pervivencia de este genial cineasta, «ya que los grandes creadores siempre se mantendrán vigentes, porque sus obras están basadas en la sinceridad y la esencialidad». Esta vigencia se manifiesta en la obra de numerosos autores buñuelianos, «algunos buenos, y otros que simplemente chupan rueda», indica Méndez Leite, que van desde el mejicano Arturo Ripstein, «con una mirada y un sentido del humor coincidentes», hasta la obra miscelánea de Almodóvar o determinadas películas de José Luis Cuerda que abordan el tema religioso. La paradoja de Luis Buñuel, que en 1958 estuvo a punto de recibir el premio de la Oficina católica de cine por Nazarín, y tres años más tarde era acusado de blasfemo por Viridiana, es una constante en su vida que el director aragonés asumió con su socarrón sentido del humor. Sentido del humor «La obra de Buñuel acepta estos cambios, de hecho en la última etapa sus protagonistas eran los burgueses, a los que atacaba al principio. Todos estos homenajes de sectores que antes le criticaban le harían muchísima gracia a Buñuel. Si por ejemplo un alcalde del PP le hiciese un homenaje, se reiría y acabaría sacando algo de ello. He visto a Luis Buñuel sentado a la mesa con curas», ironiza Méndez-Leite, quien no olvida una de las mayores cualidades del director, «su gran sentido del humor, aunque es verdad que en Francia protestan si te ríes en una de sus películas, incluso historias tan tremendas como la de Viridiana están cargadas de sentido del humor».