Covadonga Salgado, directora del Intecmar: «En un laboratorio, el ojo humano bien entrenado es muy valioso»
SOMOS MAR
Desde un centro a la vanguardia tecnológica, reivindica el talento humano y la experiencia de su equipo
26 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Antes de comenzar a hablar, Covadonga Salgado coge papel y bolígrafo. «Parece que me ayuda a pensar mejor», dice la directora del Instituto para o Control do Medio Mariño de Galicia. Va a echar mano de ese material en contadas ocasiones, solo cuando quiere ordenar algún recuerdo complicado o cazar alguna fecha en su memoria. Porque para hablar del Intecmar, a esta mujer no le hacen falta apuntes; conoce como la palma de su mano un centro que ha visto nacer y crecer hasta convertirse en lo que es hoy: una referencia mundial en lo que a control del medio marino se refiere; un ejemplo a seguir. Un orgullo laureado, reconocido, certificado y convertido en referencia nacional en materias como el control de biotoxinas marinas.
Todos esos reconocimientos satisfacen a su directora. «Claro que me enorgullecen, ¿cómo no?. Pero hay que tener en cuenta que Galicia es una potencia en producción de bivalvos», apunta. Así que es normal que también seamos una potencia en lo que a garantizar la calidad de las aguas y de los productos que de ellas salen. De hacerlo se encargan, de una u otra forma, las 88 personas que trabajan en este centro, que ocupa 3.600 metros cuadrados de superficie, en el que se realizan más de 80.000 análisis al año y desde el que se dictan más de 400 resoluciones cada doce meses.
Una decisión crucial
Estudió Química, primero. Al acabar la carrera, decidió hacer la tesis. Y para ello, entre todos los temas entre los que podía optar eligió el que giraba alrededor de la síntesis de toxinas paralizantes. Aquella elección fue determiante, cuenta Covadonga tantos años después. Su director de tesis tenía contactos en al universidad californiana de Berkeley, donde pasó seis meses.
Covadonga Salgado se define como «una directora de orquesta. Yo dirijo, pero no toco instrumento. Me fío de los jefes de unidad, tengo que respetar lo que me dicen y entenderlo, claro, para poder defenderlo donde toque». Ejerce su cargo con la fortaleza de carácter de quien creció con cuatro hermanos mayores y que practicaban judo. «Tenías que aprender a defenderte», concluye ella con naturalidad. Pero manda en el Intecmar, también, con el convencimiento de la jugadora de baloncesto que aprendió en Lugo el valor del equipo. Salgado habla del que se ha formado en el Intecmar con un respeto exquisito y una indisimulada admiración. En un centro que está a la vanguardia tecnológica «porque lo tenemos que estar», reivindica el insustituible talento humano. «En un laboratorio como el nuestro, el ojo humano entrenado es muy valioso», dice. En áreas como la de control de biotoxinas o patología, una mirada experta es fundamental». Y en Vilaxoán abunda el personal que mira como es debido.
Salgado llegó al Intecmar antes de que este existiese como tal: eran los años noventa y de hacer los análisis de toxinas se encargaba la consellería de Sanidad en un pequeño edificio del centro de Vilagarcía. Aunque su carrera la llevó temporalmente fuera de Arousa, Covadonga Salgado ha sido testigo de excepción de cómo el centro ha ido asumiendo nuevas competencias y retos, de cómo ha ido cambiando el sistema de control del medio marino. Recuerda, por ejemplo, aquella gran revolución que supuso el final del uso de ratones en los ensayos y a la que el Intecmar se opuso. «Era una batalla que teníamos que dar. La perdimos, pero teníamos que darla», señala. Y es que la nueva tecnología que sustituiría el pinchazo a los ratones no era más rápida, ni más segura, pero sí era «más específica».
«Mi padre siempre nos decía: 'Formaos, formaos, formaos'»
Covadonga Salgado pasó los primeros años de su vida en Lugo, donde habría de iniciar sus estudios de Química. La carrera la terminó en Santiago, ciudad a la que se había trasladado su familia. Luego aún iba a estudiar Farmacia. Covadonga recuerda el empeño de sus padres en que sus hijos estudiasen. Eran cinco hermanos: todos niños menos la pequeña. De cría nunca pensó que fuese a encontrar en el mar su destino vital. Mi madre era asturiana y mi primer contacto con el mar fue en Gijón.
¿Y eso qué significa? Salgado lo ilustra con un ejemplo: realizando bioensayos de toxinas lipofílicas, los técnicos del laboratorio de Vilaxoán detectaron que algo pasaba: descubrieron la incidencia de otro tipo de toxinas, las ASP. «Se legisló sobre ellas antes en Galicia que en Europa», recuerda Salgado, que tiene muy claro el papel del Intecmar en materia de seguridad alimentaria. Eso implica cerrar zonas de producción, pero implica también abrirlas tan pronto es posible. Y participar en proyectos como el que, a principios de siglo, permitió que la flota gallega volviese a capturar vieira para ponerla en el mercado tras conjurar los peligros de la toxina que acumulaba en su hepatopáncreas. «Trabajamos de forma serena, siempre en base a criterios técnicos. El sector sabe que no somos una veleta». Así que, aunque a veces hay roces, «si quieren abrir un mercado, presumen de nosotros». Esa es la mejor certificación.