«Los bivalvos que comemos tienden a ser más resistentes a la extinción»
SOMOS MAR
Una investigación vincula los rasgos que los hacen atractivos para los humanos con la supervivencia de los moluscos
16 ago 2023 . Actualizado a las 12:02 h.Los humanos recolectan unas 801 especies de bivalvos, 720 más que las 81 que figuran en la base de datos de producción de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Es una de las conclusiones de una investigación publicada en la revista Nature Communications por un equipo liderado por los científicos Stewart Edie, del Smithsonian (Estados Unidos), y Shan Huang, de la Universidad de Birmingham (Reino Unido). También han descubierto que algunos de los rasgos que convierten a esos moluscos en atractivos para los humanos hacen que tiendan a ser más resistentes a la extinción, lo que podría protegerlos en el futuro.
Los humanos capturan bivalvos de gran tamaño, que viven en aguas poco profundas, que ocupan una amplia zona geográfica y que sobreviven a una gran variedad de temperaturas, señalan los investigadores. Estas dos últimas características también hacen que la mayoría de las especies explotadas sean menos susceptibles a los tipos de presiones y riesgos de extinción que han eliminado otras del registro fósil en el pasado remoto. Los científicos esperan que sus datos mejoren las decisiones de conservación y gestión en el futuro.
«Tenemos la suerte»
Almejas, ostras, mejillones, vieiras y sus parientes son algunos de los más apreciados y consumidos, pero se recogen muchos más, aseguran. Atlántico oriental y el Pacífico nororiental y sudoriental son algunas de las zonas oceánicas que consideran de especial interés para la gestión y la conservación de los bivalvos.
«Tenemos la suerte de que los bivalvos que comemos también tienden a ser más resistentes a la extinción, pero los humanos pueden transformar el medio ambiente en un abrir y cerrar de ojos geológico, y tenemos que gestionar de forma sostenible estas especies para que estén disponibles para las generaciones que vendrán después de nosotros», señala Steward Edie, conservador de bivalvos fósiles del Museo Nacional de Historia Natural, en declaraciones recogidas por Europa Press.
«Un tanto irónico»
«Resulta un tanto irónico que algunos de los rasgos que hacen que las especies de bivalvos sean menos vulnerables a la extinción también las hagan mucho más atractivas como fuente de alimento, al ser más grandes y encontrarse en aguas menos profundas de una zona geográfica más amplia», incide Huang. Eso sí, como «el efecto humano puede eliminar desproporcionadamente a las especies fuertes», considera que «identificándolas y consiguiendo que se reconozcan en todo el mundo, la pesca responsable puede diversificar las que se recogen y evitar que las ostras se conviertan en los dodos (ave extinguida) del mar».
Filtros del mar y sobreexplotación
Los moluscos como las almejas, las ostras, las vieiras y los mejillones han filtrado el agua y han alimentado a los humanos durante milenios. En lugares como la bahía de Estero (Estados Unidos), la tribu indígena calusa recolectó de forma sostenible unos 18.600 millones de ostras y construyó una isla entera y montículos de 9 metros de altura con sus conchas.
Pero la historia de la recolección de bivalvos por el hombre también está plagada de ejemplos de sobreexplotación, sobre todo por los colonizadores europeos y la pesca comercial mecanizada, que provocaron el colapso de las poblaciones de ostras en lugares como la bahía de Chesapeake, la bahía de San Francisco y la bahía de Botany, cerca de Sydney (Australia).
Una visión completa de todas las que se capturan
Tras estudiar la bibliografía científica y darse cuenta de que no existía una lista exhaustiva de todas las especies que se sabe que son objetivo de la pesca, Edie y sus coautores se propusieron documentar la variedad de bivalvos utilizados por los seres humanos. Tras cotejar todas las especies que encontraron mencionadas en más de cien estudios anteriores, empezaron a investigar posibles similitudes y patrones entre los 801 moluscos de la lista.
Edie anuncia que quiere emplear los rasgos asociados a los bivalvos explotados para investigar las especies sobre cuya extracción no hay datos. «Queremos utilizar lo que hemos aprendido de este estudio para identificar cualquier bivalvo que se esté recolectando y que aún no conozcamos. Para gestionar eficazmente esas poblaciones, necesitamos tener una visión completa de las especies que se capturan», explicó a Europa Press.