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Las algas arden mal

e. abuín REDACCIÓN / LA VOZ

SOMOS MAR

Martina Miser

Técnicos de Energylab logran obtener del sargazo biometano que emplean ya algunos autobuses, pero comprueban que no sirve para fabricar pellets

23 ene 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Las algas de arribazón, cuando llegan en la manera en que a veces lo hacen, en masa y en aluviones capaces de tejer una manta de color verde que asfixia a los bivalvos de tanto que los abriga, constituyen un serio problema para los mariscadores gallegos. Ya no se trata solo de la amenaza que suponen para almejas y berberechos, sino que, además, les obliga en esas ocasiones a extender su jornada laboral o directamente a cambiar los trabajos de extracción de marisco por los de retirada de sargazo.

 Algunas de las soluciones tecnológicas para resolver este problema se han encaminado a mejorar el método de limpieza, mecanizando un proceso que es básicamente manual. Ahí está que las cofradías de la ría de Pontevedra están probando una especie de aspiradora para retirar las algas de los fondos marinos.

Sin embargo, no son tantos los proyectos de innovación que se han orientado al aprovechamiento del recurso. Anfaco, en su centro tecnológico Cecopesca, probó a obtener proteínas y fibras de esos desperdicios. Cetmar (Centro Tecnolóxico do Mar) también experimentó con el modo de aprovecharlas como abono dentro del proyecto Gestalgar, con el que buscaba, además, una gestión integral de esas invasiones de algas. Ahora, el centro tecnológico Energylab, apoyándose en resultados de ese Gestalgar, ha encontrado otro modo de convertir en recurso lo que ahora es tan solo un residuo: emplear el sargazo que llega a las playas en la obtención de combustibles. Líquidos o sólidos. Una alternativa muy en línea con esa querencia verde que ha imbuido a Europa en busca de fuentes de energías renovables que destierren en el 2050 por completo los combustibles fósiles.