El «Nautilus» va de «Roomba»

Cuatro ingenieros coruñeses diseñan un dron para limpiar aguas superficiales que funciona como el robot, con la ventaja de que se le puede marcar una ruta


redacción / la voz

Es lo que pasa cuando se juntan cuatro amigos ingenieros aficionados a los ordenadores y a desenfundar el destornillador a la primera de cambio: que un día se ponen a ingeniar y dos años después se ingenian una Roomba. ¿Que ya está inventada? Bueno, vale. Pero esta es una Roomba distinta. Primero, porque esta se usa para limpiar puertos, canales y aguas superficiales en entornos urbanos. Y segundo, porque es una Roomba gallega, con «diseño, montaje y programación cien por cien» de A Coruña, explica Guillermo Giadanes, uno de los fundadores de Bahía Norte, la empresa que esa pandilla de ingenieros de la que también forman parte Jesús Pampín, Iago López y Ángel Fernández, fundaron para comercializar este dron acuático de limpieza. Porque resulta que así, como quien no quiere la cosa, ya han vendido una. La ha comprado la empresa concesionaria de la limpieza del Puerto de A Coruña, que ya la tiene en sus instalaciones y en breve la pondrá en funcionamiento.

En realidad, «no es una Roomba», aclara Giadanes, por más que la imagen de ese robot que va limpiando los suelos por los hogares de todo el mundo es la que venga a la mente cuando el ingeniero explica el funcionamiento del dron gallego para acicalar aguas en entornos urbanos. El aspirador no sigue un patrón definido en su recorrido por el hogar; su rumbo es aleatorio y cambia en cuanto encuentra un obstáculo en su camino. El Nautilus -que así es como se llama la esta Roomba que no es Roomba- puede funcionar por radiocontrol, con lo que se va dirigiendo su trayectoria, y también puede trabajar de forma autónoma gracias a que lleva incorporado un software de forma que a través de Google Earth se le puede programar el recorrido. «Se le marca un camino específico, del punto A al B, del B al C... Y lleva incorporados sensores que evitan que choque con cualquier obstáculo no previsto, como un barco parado, por ejemplo; en ese caso, da marcha atrás y esquiva el objeto.

Versión 1.0

El primer Nautilus ha sido diseñado para recoger sólidos superficiales. Tiene forma de catamarán, «con dos patines y un cajón de acero inoxidable en medio» que va recogiendo residuos. Pero esa ha sido la versión 1.0. Los ingenieros están planeando seguir avanzando e introducir posibles mejoras para ampliar su funcionalidad. Están pensando en introducir sensores con los que el Nautilus pueda medir los niveles de salinidad, PH, incluso para realizar batimetrías, medir profundidades, hacer mapeos...

Eso abriría el abanico de potenciales usos y, por tanto, compradores. Se podría emplear para medir la calidad de agua en un embalse al tiempo que retira los sólidos en superficie, o incluso, adaptar sus dimensiones, que ahora son de unos 1,20 metros de largo por uno de ancho, para que sea posible su empleo en piscinas. En definitiva, adaptarse a las necesidades del cliente.

Nuevos ingenios

Cuando Giadanes echa la vista atrás, a dos años atrás, que fue cuando empezó toda la aventura, se da cuenta de que ha sido «un proyecto bonito» y divertido. «Ha sido hacer una máquina, que es lo que nos gusta». Y de repente se han visto inmersos en un proyecto más serio, más industrial. El punto de inflexión fue la venta del primer dron que, esperan, sea un impulso importante para el Nautilus y se dé a conocer esta solución, inspirada en el ingenio de un holandés, pero 100 % koruña

Y ya están ingeniando lo siguiente: una estación de carga para el Nautilus, algo como la base que tiene la Roomba. E incluso un sistema de introducción en el agua, puesto que ahora se traslada agarrándolo con las asas.

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