Un respiro en la costera del bocarte

Piezas más grandes mejoran los precios, y cada una se paga a cinco céntimos en lonja

El precio del kilo de bocarte en las lonjas donde venden cerqueros gallegos ha mejorado en los últimos días porque han localizado bancos con piezas más grandes
El precio del kilo de bocarte en las lonjas donde venden cerqueros gallegos ha mejorado en los últimos días porque han localizado bancos con piezas más grandes

redacción / la voz

Dos semanas fuera casa, casi diez días faenando y más de seis parados, encerrados en los reducidos centros de trabajo flotantes donde también conviven. Así pasaron la segunda quincena de abril quinientos tripulantes de unos cincuenta cerqueros gallegos que participan en la costera del bocarte. Sin alternativa para ganarse el pan en el mar, se les caía el alma al suelo cada vez que la rula cantaba el valor económico de su esfuerzo. Un céntimo, y menos, les pagaban por cada bocarte. Capearon ese temporal hasta salir de él, siguiendo a barcos vascos donde llaman anchoa a un bocarte que en el resto del Cantábrico y de Galicia recibe ese nombre si está fileteado y conservado en sal y aceite, boquerón cuando se prepara en aceite y vinagre. A las empresas que elaboran esa semiconserva no les interesan piezas pequeñas, pero cuando la flota las localizó más grandes mejoraron los precios. A unos cinco céntimos cada una se las abonaron estos días.

Un respiro, que a ver cuánto dura, en una costera del bocarte condicionada por el coronavirus y, sobre todo, por el tamaño del pescado. Abunda, pero la salida comercial del pequeño es tan escasa que se destina a pasta de relleno de aceitunas cuando el mercado para consumo en fresco cubre s contada demanda. Por eso gran parte de las capturas de unas sesenta piezas por kilo se las pagaban a sesenta céntimos y menos. Con poco más de la mitad, entre 34 y 38 ejemplares por kilo, la cotización media ronda los dos euros.

Uno menos que el año pasado, pero suficiente como para compensar el trabajo y el alejamiento de amigos y familiares. Igual que en otros cerqueros gallegos, asturianos, cántabros y vascos, a bordo del Ardorán, de Portosín, están más contentos con ese pescado azul que los científicos llaman Engraulis Encrasicolus.

Tras los bancos de esa especie ha ido navegando una flota de unas doscientas embarcaciones españolas. El Ardorán inició la costera a la altura de Santoña (Cantabria), navegó hacia el este y operó en Ondárroa (Vizcaya). Los dos últimos días regresó hacia el oeste, faenando entre las localidades asturianas de Llanes y Gijón. Ese cerquero y otros gallegos descargan en ese último puerto y en el de Santoña, y aún quedan algunos en Ondárroa.

«Celebraron» el Primero de Mayo como cuando no cae en fin de semana, trabajando. Desde ayer por la tarde hasta la madrugada del lunes, a descansar. Regresarán al mar confiando en que los bocartes de talla rentable no escurran el bulto para que la cantinela de la subasta en las lonjas continúe sonándoles bien.

Viajar por carretera a ver a la familia le cuesta unos 2.800 euros a un cerquero gallego

El Gobierno obliga a los tripulantes de pesqueros a viajar separados por carretera para trabajar juntos a bordo. Que siga negándose a adaptar esa norma general a realidad de la flota supone un contratiempo añadido para los gallegos que participan en la costera del bocarte. Acerga, la asociación que representa a 120 cerqueros gallegos, apeló al Delegado del Gobierno recordándole que las restricciones de movilidad suponen «un castigo» añadido porque coartan sus posibilidades de pasar el fin de semana en casa. Para doce pasajeros el desplazamiento es «costosísimo, fletar un autobús para la ida y vuelta tiene un coste aproximado de 2.800 euros».

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