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El aplauso para los otros «sanitarios»

A. Buíncas REDACCIÓN / LA VOZ

SOMOS MAR

MONICA IRAGO

El personal del Intecmar sortea escollos para continuar controlando las zonas de producción de bivalvos y permitir la salida al mercado de toneladas de mejillón, almejas, berberechos o erizo

28 abr 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

También llevan batas blancas, pero no intuban a pacientes de covid-19. Cuidan la salud de los ciudadanos, pero no se incluyen como sanitarios en el aplauso de las 20.00 horas. Y sin embargo también son manos de esos servicios esenciales que merecen la ovación diaria. Por seguir trabajando. Por exponerse al contagio. Por sortear mil y un escollos para poder seguir realizando su labor y que lleguen al mercado toneladas de moluscos, bivalvos y equinodermos. De otro modo, se pararía de cadena.

El personal de ese «laboratorio grande» que en palabras de su directora, Covadonga Salgado, es el Centro Tecnolóxico para o Control do Medio Mariño -más conocido como Intecmar-, es parte esencial de ese engranaje mágico que hace que, por ejemplo, el mejillón llegue a la lata de conservas, la almeja japónica al supermercado, el berberecho a la plaza de abastos o la navaja a la pescadería con todas las garantías de seguridad alimentaria. 

Porque «los bivalvos pueden estar sanísimos y, sin embargo, suponer un riesgo para el consumidor», explica Salgado. Pueden tener toxina, presentar una carga microbiológica demasiado elevada o soportar un grado de contaminación química que haría su ingesta peligrosa. De determinarlo y frenar ese riesgo se encarga el Intecmar, que tiene como función «controlar las zonas de producción de moluscos» y evitar que llegue al mercado producto sin todas las garantías sanitarias.

Así es que, si en este estado de alarma, en el que al sector de la alimentación no se le eximió de trabajar porque tiene la encomienda de llenar la nevera de los confinados, no siguiese laborando parte del personal del Intecmar, no habría manera de que llegasen al mercado esas delicias marinas. «El mar no se para, no entiende de estados de alarma; por tanto, o bien nosotros controlábamos las zonas de producción, o no quedaba otra más que establecer un cierre cautelar», explica la directora del centro, dependiente de la Consellería do Mar. Y ese cierre preventivo impediría la extracción de mejillón, berberecho e, incluso, erizo. Un parón de gran impacto económico, a tenor de las toneladas que se han movido en estas semanas de confinamiento. 

Polígonos cerrados

Para resaltar la importancia de que el laboratorio grande siga abierto y velando por la seguridad alimentaria, Salgado hace ver que, cuando a mediados de marzo se decretó el estado de alarma, eran muy pocos los polígonos de bateas cerrados por toxina. Hoy están inhabilitadas para la extracción el 60 % de esas áreas de producción, pero continúa saliendo mejillón del otro 40 %, por lo que puede comercializarse el bivalvo. En ese período ha sido preciso abrir y cerrar zonas de producción. Hasta 28 resoluciones de cambios de estado se han emitido en estas 5 semanas de estado de alarma.

Veintiocho resoluciones, pero también 353 muestras, 50 actualizaciones del estado de zonas, 33 informes de ensayo... Un funcionamiento «no al 100 %», pero sí a un nivel que hace posible que la actividad extractiva siga adelante.

¿Y tiene sentido, cuando buena parte del marisqueo está parado? ¿Está saliendo producto que justifique ese esfuerzo? Eso es algo que también se han planteado en el Intecmar. Y la conclusión es que sí, que el servicio debe continuar. Porque si en un primer momento se notó un bajón importante en el volumen de bivalvos que se extraían, las cifras se han ido recuperando de forma muy importante. Ahí está que «se está sacando al mercado mucho erizo, mucha navaja» y, por supuesto, almeja, berberecho. 

Evolución de la extracción

Según Covadonga Salgado, la primera semana se extrajeron 42.000 kilos de productos marinos; la segunda cayó la producción a 39.000, pero a partir de ahí recuperó impulso. «Se ha ido subiendo: 50.000 en la tercera; 51.000, en la cuarta; 55.000 en la quinta...»

Esa, la quinta, ha sido, de todas las del estado de alarma, la de mayor volumen de bivalvos puestos en el mercado. La evolución se aprecia, sobre todo, en el mejillón. La directora del Intecmar señala que la primera semana se descargaron en los muelles gallegos 650.000 toneladas de mejillón, que crecieron a 816.000 en la segunda. Pero el salto cuantitativo se dio en la tercera semana: llegaron 2.139.000 kilos. Eso sí, la de Semana Santa hubo un bajón, para quedarse en el millón de kilos y ya entre el 13 y el 19, se disparó a 2.365.000. Salgado achacaba el bache de Semana Santa a la irrupción de la toxina, pero no ha sido eso, sino el parón de la industria que está absorbiendo importantes cantidades de bivalvo.

Reforzar las garantías de salubridad

 

De las 88 personas que conforman la plantilla del Intecmar, entre 16 y 18 según el día están presencialmente en el edificio de Vilaxoán. Además, casi una treintena de personas accede a su despacho o cubículo de forma remota, haciendo desde su casa lo mismo que harían si ficharan en las dependencias del Intecmar. Son «informáticos, jefes de unidad de calidad y titulados superiores, que están accediendo a su ordenador trabajando en programación, mejora y control de datos, revisando y renovando documentación...», comenta Covadonga Salgado.

Pero el Intecmar tiene encomiendas que requieren a una personas físicamente. Como las tres que cada día van a los muelles a recoger muestras. Aunque son 5, se ha reducido el servicio a 3. Analistas de muestreo, auxiliares de laboratorio (3) y para analistas de laboratorio para biotoxinas (3), jefes de unidad de biotoxinas (2), un recepcionista de muestras, especialistas en oceanografía y fitoplancton... Es personal que no puede trabajar a distancia y que, ahora que hay muchas menos manos por allí, también tienen que coger el teléfono, abrir la puerta o recoger material que llega al edificio de Vilaxoán. 

Periodicidad de muestreo

Con ese personal, el Intecmar puede mantener sus unidades de biotoxinas, control de especies fitoplanctónicas tóxicas y la de control microbiológico. En este último campo no se están recogiendo las muestras con la periodicidad habitual, pero esa frecuencia tampoco está marcada por la legislación como sí lo está la de toxinas. Es por eso que, para reforzar la seguridad alimentaria, el Intecmar, con carácter preventivo, tomó la decisión de cambiar la calificación de los polígonos de bateas que están enclavados en áreas A, de mínima contaminación microbiológica, pasando a ser B -con mayor carga-, con lo que los bivalvos que de allí salgan deben pasar por depuradora antes de llegar al mercado. De otro modo, en zona A, pueden ir directamente al consumo.