«Desconocemos el efecto a largo plazo del consumo de bebidas energéticas»

María Viñas Sanmartín
maría viñas REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

Fraga Ares, Susana Rey García y Jorge Carballido Salgado, en las instalaciones de La Voz.
Fraga Ares, Susana Rey García y Jorge Carballido Salgado, en las instalaciones de La Voz. GONZALO BARRAL

Entra en vigor en Galicia la ley que prohíbe su venta a los menores de edad

09 mar 2026 . Actualizado a las 19:57 h.

Galicia se convirtió ayer en punta de lanza de la protección de la salud infantil y la prevención de las conductas adictivas en la adolescencia con la entrada en vigor de una ley pionera que, entre otras cosas, prohíbe las bebidas energéticas a los menores de edad. Asturias aprobó en octubre un proyecto que, siguiendo la misma línea, restringirá su compra y consumo por debajo de los 16, pero hasta el verano no entrará en vigor, y desde el Gobierno central preparan una norma a nivel estatal para extender el veto a todo el territorio. Situándose a la vanguardia europea, la Xunta ha abierto, por tanto, camino, dando un paso más en su firme intención de poner coto a los hábitos no saludables de los más jóvenes.

«Era una necesidad imperiosa, la de regular este consumo, sobre todo en la población adolescente, que es tremendamente vulnerable —justifica Susana Rey García, presidenta de la Sociedad de Pediatría de Galicia (Sopega)—. Influidos por las agresivas y atractivas campañas de márketing, que recurren a quienes ellos admiran, como gamers, deportistas e influencers; buscan en este producto esa sensación de vitalidad, de rapidez, estar despiertos más horas o poder hacer más actividades. Y, cada vez más, estamos viendo en el hospital muchos jóvenes con insomnio, con sensación de agitación, palpitaciones, ansiedad y dificultades en la concentración, con incluso episodios de taquicardias. Cuando indagamos que hay detrás, el 90 % han consumido energéticas. Y no cien mililitros; medio litro o uno. Es una barbaridad». Para apuntalar su discurso, la especialista despliega los resultados de la última encuesta Estudes sobre el uso de drogas en enseñanzas secundarias en España: el 38 % de los jóvenes de entre 14 y 18 años han consumido este tipo de productos en el último mes, la mayoría asociados al alcohol.

Sobre esta mezcla alerta Jorge Carballido Salgado, psicólogo del equipo de prevención del Concello de Santiago: «El alcohol es un depresor del sistema nervioso. Primero deprime la zona del autocontrol y, si se sigue consumiendo, duerme el resto del cerebro, principalmente la parte motora. Si ahí añadimos un estimulante, esta corteza que controla el movimiento empieza a actuar locamente, más despierta. La bebida energética enmascara los efectos del alcohol, pero están ahí, siguen ahí. Así que incita a beber más, porque uno no siente la sensación de estar borracho». «Y esto — secunda Rey— desemboca en problemas, vemos muchos más comas etílicos».

Ni la pediatra ni el psicólogo creen que los adolescentes son conscientes del riesgo que implican estas bebidas. «Yo siempre les pregunto qué pensarían si me tomase de golpe cuatro cafés. Y se quedan sorprendidos. Pues esto es incluso peor, porque contiene otros estimulantes y mucho azúcar, lo que genera todavía más excitación». «Tampoco los adultos comprenden del todo lo peligrosas que son —añade, por su parte, Jaime Fraga Ares, jefe del Servicio de Prevención de Conductas Adictivas de la Dirección Xeral de Saúde Pública de la Consellería de Sanidade—. Los padres no les darían a sus hijos dos cafés seguidos por la mañana, menos aún cuatro, y sin embargo sí les dan una lata de Monster para que espabilen». Susana Rey desliza un apunte más, que no es menor: «Esto, a corto plazo, provoca una serie de efectos que ya conocemos, pero los que genera a largo plazo los desconocemos por completo. Cuatro años de consumo mantenido de estas sustancias, sobre todo siendo adolescente, probablemente desencadenen efectos secundarios irreversibles».

Adicciones sin sustancia

Además de regular el consumo de estas bebidas y de equiparar los vapeadores al tabaco convencional, la Lei de protección da saúde das persoas menores e prevención das condutas adictivas, publicada en el Diario Oficial de Galicia (DOG) el pasado 7 de enero, establece medidas de prevención relativas a las adicciones sin sustancia, principalmente al juego con dinero —presencial o en línea— y a los videojuegos, como por ejemplo que estos deberán estar colocados y clasificados en las tiendas de manera clara en función de la edad recomendada.

«Tanto la ludopatía como la adición a estos juegos están descritas, son comportamentales —explica Jaime Fraga—. A veces no llega a adicción, porque para serlo tiene que implicar una serie de perjuicios, pero sí condiciona la vida del menor, que pierde el control y acaba incurriendo en otras conductas de riesgo». «Hoy el casino lo tenemos al lado de casa —señala Carballido— . En cualquier máquina de cualquier bar se puede apostar. Y cualquiera puede hacerlo. Solo hay que ir a una cafetería por la tarde y acercarse a la papelera que hay al lado de estas máquinas para comprobarlo».

Los vapeadores, con y sin nicotina, solo permitidos a partir de los 18 años

Dice el psicólogo Jorge Carballido que tanto el cigarrillo como el vapeador hay que asociarlos siempre a la palabra nicotina. «Y la nicotina —desarrolla— es la sustancia más adictiva que existe sobre el planeta». «Es capaz de hacer que abandones el sofá a las tantas de la noche y bajes a la calle en bata y zapatillas a comprar tabaco —ilustra—, que te levantes de la cama de madrugada y enciendas un cigarro en la ventana, peaje para poder dormir». Tabaco y vapeador son solo el formato para que la industria introduzca en los cerebros la molécula de la nicotina, continúa. «Una vez conseguido, el fumador hará lo que ella quiera. Le arruinará y le dejará sin salud». Por esta razón, porque el cigarrillo electrónico es exactamente igual de perjudicial —si no más— que el convencional, la ley que entró en vigor ayer prohíbe a cualquier menor de edad comprar vapeadores, llevarlos encima y, consecuentemente, usarlos, tanto aquellos que queman tabaco como los que no, porque aunque no contengan nicotina invitan al hábito. «En su día también se prohibieron los cigarros de chocolate», recuerda el experto.

¿Por qué un vapeador es incluso más perverso que un pitillo? Porque su apariencia es inofensiva, es un formato altamente atractivo y cómodo, que se saca y se enciende sin necesidad de mechero, sin humo que huela mal y que se comercializa con distintos y apetecibles sabores. «Es la puerta de entrada al tabaquismo», resume, tajante, Susana Rey, pediatra del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela (CHUS). «Las cajetillas de tabaco, además de incluir la advertencia obligatoria de que pueden matar, desgranan su composición, pero en los cigarrillos electrónicos nadie sabe qué lleva ese vapor», enfoca. «Y suele pasar que, tras una etapa usando estos dispositivos, sus usuarios se pasan al tabaco convencional», refuerza Jaime Fraga, preventivista. De nuevo, los tres profesionales echan mano de los datos: según la citada encuesta Estudes, el 27 % de los jóvenes de entre 14 y 18 años han vapeado alguna vez. Lo hacen por primera vez a los 12. «La experimentación empieza a ser problemática, es un invento terrorífico», concluye Carballido.