Científicos del IDIS de Santiago identifican en el plasma de enfermos mentales una alteración en las proteínas asociadas con la patología degenerativa, aunque advierten que hacen falta más estudios para comprender la relación
09 feb 2026 . Actualizado a las 16:24 h.El trastorno depresivo mayor (TDM) se ha relacionado en numerosos estudios con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y de enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer. Sin embargo, los mecanismos biológicos que explican esta asociación siguen sin estar bien definidos. En este contexto, un estudio liderado por el grupo de Investigación Traslacional en Enfermedades Neurológicas (ITEN) del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago de Compostela (IDIS) ha identificado en análisis de sangre alteraciones en los niveles de la proteína beta-amiloide, estrechamente vinculados a la enfermedad degenerativa, en pacientes con diagnóstico de depresión mayor.
El trabajo, realizado en colaboración con el servicio de Neurología del Hospital Clínico Universitario de Santiago (CHUS) y el Instituto de Investigación Sanitaria Galicia Sur (IISGS), ha sido publicado en la revista International Journal of Molecular Sciences. Se trata del primer estudio observacional transversal realizado en España —y probablemente a nivel internacional— que analiza, de forma simultánea, en sangre periférica varios biomarcadores relacionados con el metabolismo amiloide y el daño neuroaxonal y astroglial en pacientes con depresión mayor. El trabajo también es pionero en España al utilizar la tecnología SIMOA, una plataforma de ultra-sensibilidad que permite detectar biomarcadores en plasma con una precisión miles de veces superior a los métodos convencionales.
Históricamente, para medir los biomarcadores del alzhéimer en sangre es necesario realizar una punción lumbar para extraer líquido cefalorraquídeo, un proceso invasivo y doloroso. Sin embargo, como explica el doctor Roberto Agís-Balboa, colíder del grupo ITEN, «el análisis en sangre periférica permite obtener información biológica relevante a partir de una simple extracción, lo que supone una ventaja clara tanto para los pacientes como para el sistema sanitario».
Utilizando la tecnología SIMOA, el equipo midió simultáneamente cuatro marcadores: los péptidos beta-amiloide 40 y 42, el neurofilamento ligero (NfL) (daño en las neuronas) y la proteína GFAP (activación de las células de soporte cerebral).
Los resultados revelaron que los pacientes con depresión presentaban niveles reducidos de los péptidos amiloides 40 y 42. No obstante, los investigadores aclaran que este patrón es distinto al del alzhéimer, donde lo que cae drásticamente es la proporción (ratio) entre ambos. «La reducción observada en los péptidos beta-amiloide es consistente, pero no va a acompañada del patrón típico del alzhéimer donde se observa una reducción en la tasa relativa del péptido 42, respecto a la del 40», constata Agis-Balboa. Además, factores como el daño neuroaxonal (NfL) se asociaron más a la edad que a la depresión en sí.
A diferencia de la mayoría de estudios, que se centran en personas ancianas, esta cohorte gallega estaba formada por pacientes que no tenían una edad avanzada ni presentaban deterioro cognitivo. Esto sugiere que las alteraciones biológicas podrían estar presentes mucho antes de que aparezcan los primeros fallos de memoria.
A pesar del hallazgo, los autores piden «extrema cautela». Carlos Fernández Pereira, investigador del estudio, matiza que la reducción de estas proteínas podría deberse a factores metabólicos sistémicos y no necesariamente a un proceso neurodegenerativo en marcha. Es decir, «la hipótesis del estudio se encuadra en analizar marcadores periféricos que se encuentran alterados en alzhéimer, y dado que la depresión es un factor de riesgo, nos parecía interesante ver qué ocurre en estos marcadores con pacientes con diagnóstico, pero sin deterioro cognitivo incipiente o edad muy avanzada».
Por su parte, el doctor José M. Prieto, Jefe de Neurología del CHUS, subraya la importancia de realizar estudios a largo plazo. «Es imprescindible -dice- avanzar para comprender la interfaz entre la depresión y el alzhéimer. De esta forma, podría verse la evolución de esos marcadores desde la depresión mayor hasta la demencia».
El trabajo ha sido financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y el Instituto de Salud Carlos III, y pone de relieve la importancia de la colaboración interdisciplinar entre personal de enfermería, psiquiatría, neurología, psicología clínica y personal investigador de laboratorio para avanzar en el desarrollo de biomarcadores en psiquiatría.