El cannabis va camino de los hospitales para tratar dolores y mitigar náuseas
SOCIEDAD
Sanidad inicia el registro de los laboratorios que proveerán a los farmacéuticos
23 ene 2026 . Actualizado a las 12:58 h.El pasado mes de octubre, el Consejo de Ministros aprobó el real decreto que abre la puerta al uso medicinal regulado del cannabis «en casos donde los tratamientos convencionales no resultan eficaces», tal como anunció en su día el Gobierno, que ha puesto una serie de condicionantes. Uno de los fundamentales es que estas terapias «solo podrán ser prescritas por médicos especialistas y deberán elaborarse y dispensarse exclusivamente en servicios de farmacia hospitalaria». De ahí que ahora se haya abierto el procedimiento para que los laboratorios que vayan a realizar este tipo de preparados estandarizados se puedan inscribir en el registro. Por el momento no hay ninguno autorizado, y por lo tanto tampoco producto con el que trabajar, con lo que los profesionales tienen que tirar de literatura científica y de la experiencia de otros países para irse preparando.
Las aplicaciones fundamentales para las sustancias derivadas de esta planta, muy controvertida por su uso como droga recreativa, son aquellas dolencias, síntomas o efectos secundarios que no remiten con los tratamientos convencionales. Fundamentalmente están dirigidas a pacientes con dolor crónico refractario, epilepsia grave o espasticidad: la rigidez y los movimientos involuntarios que provoca la esclerosis múltiple.
Epilepsia y esclerosis
Para los pacientes con epilepsia o esclerosis ya existen medicamentos basados en el cannabis. Para los enfermos de esclerosis múltiple, se aprobó en julio del 2010 y llegó a las farmacias en marzo del 2011 el Sativex, un espray bucal de tetrahidrocannabinol (THC) y cannabidiol (CBD) para tratar la rigidez muscular. Y en septiembre del 2011, se autorizó el Epidyolex, una solución oral de CBD casi puro (sin THC) para tratar las convulsiones producidas por el síndrome de Lennox-Gastaut y el síndrome de Dravet, dos tipos de epilepsia. Pero en este caso se trata de productos sintéticos, producidos en laboratorio a partir de precursores químicos. Ahora, lo que se pretende utilizar son extractos de la propia planta y extender su uso al dolor crónico refractario, el que no cede con otros analgésicos, y al tratamiento de las náuseas y los vómitos provocados por la quimioterapia.
De ahí que se vaya a dispensar solo en las farmacias de los hospitales y que se necesiten registros y todo tipo de autentificaciones para garantizar que los sanitarios reciben preparados con la pureza y las concentraciones adecuadas. Una de las características de la planta es que tiene una sustancia dominante, el THC (que produce los efectos psicotrópicos) o el CBD. Pero de la otra, de la menos común, también quedan residuos. De ahí que a nivel farmacológico sea muy importante conocer con exactitud todos esos parámetros.
Ana María Martín, farmacéutica: «La administración será a través de una solución oral, como un jarabe»
Ana María Martín, de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH), explica que hasta el momento «no hay ninguna empresa registrada en el registro oficial que se acaba de publicar» con lo que están organizándose entre los propios profesionales para informarse y formarse en base a la experiencia —amplia ya en algunos casos— que tienen en otros países. Al tratarse de «una herramienta terapéutica nueva», además de usarla, al principio su trabajo también implica un especial control cuyo objetivo a largo plazo será «aumentar el nivel de evidencia científica y la seguridad» mediante el seguimiento clínico de los pacientes.
Martín entiende que esta sustancia genere controversia, porque también se usa como droga de abuso, pero recalca que «eso ha sido así desde la antigüedad» con todo tipo de moléculas, como los benzodiacepinas o los opioides. «Es una realidad con la que convivimos, pero el uso en este circuito es para un objetivo farmacológico», sentencia.
Para todos los usos que se prevén ahora del cannabis «hay ya otras alternativas terapéuticas», como explica la farmacéutica, solo que en algunos casos, como los dolores crónicos, incluir una herramienta más puede beneficiar en algunos casos donde los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) o los opioides y otros tratamientos no resultan adecuados por el riesgo-beneficio que suponen. Precísamente eso es lo que tienen que vigilar en los pacientes por lo que ahora, Martín y sus colegas de profesión se encargarán de que se pueda prescribir «con unas concentraciones fijas y con garantías». Todavía tienen muchas cosas que pulir, pero por ejemplo ya saben que «la administración será a través de una solución oral, como un jarabe». Nada que ver con fumar porros por iniciativa propia.