Eduardo, el hermano menor del rey Carlos III, también paga solo un grano de pimienta de alquiler

LA VOZ REDACCIÓN

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El príncipe Eduardo, en una fotografía de septiembre
El príncipe Eduardo, en una fotografía de septiembre MANAMI YAMADA | REUTERS

La prensa británica pide una ley de transparencia sobre las propiedades y finanzas de la corona británica

29 nov 2025 . Actualizado a las 14:29 h.

Un grano de pimienta. Ese es el irrisorio precio simbólico que le valió durante 20 años a Andrés el alquiler de Royal Lodge, una mansión de 30 habitaciones en la finca del castillo de Windsor, y es también lo que paga desde hace dos décadas el hermano más joven de Carlos III, el príncipe Eduardo, por el alquiler de la mansión de 120 habitaciones que ocupa en el condado de Surrey, según ha revelado en exclusiva el diario The Times.

El acuerdo, al que ha tenido acceso el rotativo tras forzar la revelación de documentos de transparencia de las propiedades de la corona británica, estipula —basándose en una tradición británica del peppercorn rent, que tiene raíces simbólicas muy antiguas—, que el alquiler era, desde el año 2003, «de un grano de pimienta (si se exige)»

Sí se sabe que el actual duque de Edimburgo, que heredó ese título tras la muerte de su padre en abril del 2021, tuvo gastos de arrendamiento de la propiedad muy superiores antes de esa fecha. Eduardo se mudó a la mansión de Bagshot Park con su mujer en marzo de 1998, y firmó inicialmente un alquiler de 50.000 libras al año, que subió a 90.000 tras gastar 1,36 millones de libras en renovar la finca, mientras que la Corona aportó otros 3 millones de libras para la reforma.

El contrato de arrendamiento tuvo una ampliación en el 2007, firmada a través de su empresa Eclipse Nominees, cuando, según The Times, «pagó 5 millones de libras por adelantado a cambio de un arrendamiento de 150 años, aunque solo abona la simbólica peppercorn rent», que se refiere a un pago mínimo indispensable para cumplir el requisito legal de que un contrato sea vinculante.

El rotativo conservador, que ha reclamado una ley de transparencia pública, se pregunta por qué un príncipe tan alejado en la línea sucesoria se aprovecha de una mansión cuya venta «podría beneficiar a los contribuyentes», y más sabiendo que esa propiedad ha tenido en el pasado al menos dos ofertas de compra desde el sector privado, para albergar un hotel o un centro de conferencias.

Al mismo tiempo, resalta el hecho de que las finanzas de la Corona de Windsor estén rodeadas del «secretismo», al igual que la correspondencia que intercambian sus miembros y que impide saber hasta qué punto utilizan su nombre y el «poder blando» que rodea a la monarquía para sus propios intereses.

El escrutinio a la corona británica por parte de la prensa y la opinión pública se ha hecho más intensa tras la caída en desgracia de Andrés Mountbatten-Windsor, que renunció a todos sus títulos nobiliarios tras las revelaciones de Virginia Giuffre sobre sus supuestas relaciones con el pederasta Jeffrey Epstein.