«Para mañana, tiempo variable»

SOCIEDAD

Oscar R. Ayerra

Cuando la previsión meteorológica era solo la despedida del telediario, no las tesis doctorales emitidas ahora por pantalla que surcan «pantanos barométricos», diseñan una «configuración de calor», desafían «vórtices polares» y sufren «reventones cálidos»», todo se fiaba al anticiclón de las Azores que Mariano Medina llevó a la fama. En sus pronósticos, raramente se mojaba, pero a su modo aventuró el cambio climático.

17 ago 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

El chiste aparecía en un número de La Voz de finales de los sesenta: el profesor de Lengua trata de explicarle a los alumnos qué es una frase hecha. «A ver, Manolito, ponme un ejemplo», le pide el maestro a un chaval. «El anticiclón de las Azores», le responde este sin pensarlo dos veces. Con la progresiva incorporación de la tele a los hogares, las previsiones meteorológicas que Mariano Medina hacía en el telediario eran por entonces parte de una escuálida cultura mainstream que se alimentaba de un solitario canal. Y la recurrencia al anticiclón de las Azores de aquel hombre del tiempo de cara regordeta para explicar prácticamente cualquier fenómeno atmosférico le daba sentido a la broma del periódico.

Para ser justos, y aunque él lo hubiera elevado a la fama, aclararemos que lo del anticiclón de las Azores no fue una creación de este pionero de la divulgación meteorológica, recordado estos días en los que habría cumplido cien años. En La Voz, la primera vez que nos encontramos con una alusión a este sistema de presiones que tanto influye en el clima de nuestra Península (de hecho, los expertos lo responsabilizan también del verano extremadamente caluroso que estamos viviendo) es en mayo de 1937, en un escueto parte meteorológico en plena Guerra Civil. Aunque por esas fechas era un ciclón, el que había viajado desde Canarias a Ceuta un año antes para que Franco se hiciese cargo del Ejército, el que en realidad tenía en vilo a los españoles. Ese mismo día La Voz publicaba las multas de mil pesetas a varios ciudadanos «por desafecto al Movimiento Nacional». El aire soplaba frío.

Tres décadas después, con los ánimos más calmados y los ciudadanos de a pie más pendientes de si podrían salir en el Seiscientos al día siguiente a tomarse una tortilla en el campo, Mariano Medina (1922-1994) reinaba con sus predicciones meteorológicas en la despedida del telediario. El Zaragozano iba camino de la jubilación. De vender «por 30 duros» sus colaboraciones a los periódicos, como él mismo contaba, al estrellato. Y lo de las Azores se había convertido en un latiguillo de uso común, de la misma forma que él ya era todo un personaje del escaparate patrio que recibía unas cien cartas diarias de gente solicitándole sus pronósticos.

LVG

En julio de 1965, La Voz publicaba una amplia entrevista con el meteorólogo toledano, en la que este hacía gala de su cautela y de su buen humor: «Este verano no lloverá ni en San Sebastián», se atrevía Medina a vaticinar con todo un estío por delante y con las primeras alertas de sequía. Si bien se apresuraba a matizar: «Tenga en cuenta que el verano pasado hizo muy buen tiempo en el norte, y ya sabe que es difícil que eso suceda dos años seguidos». Y tirando de refranero, recordaba: «Por mucho que quiera ser, en julio poco ha de llover».

Cambio climático

Pero detrás de aquella campechanía se escondía un tipo que dedicaba unas catorce horas diarias a su trabajo, que vivía rodeado de mapas y de apuntes escritos a mano. Un auténtico precursor en la información meteorológica. Por entonces, aún no se hablaba de cambio climático, pero sí que había un runrún que tenía preocupado al personal, a la vista de las informaciones que encontramos en La Voz de aquellos días: los posibles daños a la atmósfera por las pruebas nucleares tan frecuentes en la época. El periódico ya había abordado el asunto, hablando con otros expertos que negaban esta posibilidad. Pero en esta cuestión Medina sí que se mojó, asegurando que la acción del hombre tendría secuelas: «Cambiará el sistema de filtración de los rayos solares, y, en definitiva, el clima», razonaba.

Hoy todo es más complicado, y no solo porque la información también nos dispara desde todos los flancos: en lo que a las previsiones meteorológicas se refiere, vivimos en un agitado cóctel de ciclogénesis explosivas, anomalías positivas y DANA (vamos, las antiguas gotas frías), aunque al final, siendo realistas, habrá que darle la razón a Mariano Medina, encomendarse a ese anticiclón de las Azores del que ahora también dicen algunos que está afectado por el cambio climático y dictaminar que el mejor pronóstico es aquel que él hizo famoso: «Para mañana, tiempo variable».

Qué tiempos.

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