«Neste oficio a competencia é cero»

SOCIEDAD

Miguel Souto

Con 16 años encontró su vocación en un curso de forja. Su reputación lo convirtió en supervisor de la ampliación del puente de Rande, pero para J. A. Lalín la felicidad es dar forma en su fragua a los sueños del cliente

11 may 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

José Antonio Lalín Villaverde (Forcarei, 1977) es capaz de dar forma en hierro al capricho más extravagante. Casi treinta años moldeando el metal lo han convertido en un auténtico experto al que recurren clientes de toda Galicia para materializar sus sueños. «A competencia é cero», asegura. Luego matiza. «A ver, xente que faga o que facemos nós hai, pero moi pouca. Nós facemos todo a man. Todo artesanal. Non ensamblamos pezas compradas. Compramos as barras lisas de ferro macizo, traballámolas no lume, na fragua, e ímolas moldeando con martillos e grifas. Despois, pintamos con cores feitas por nós mesmos. Non utilizamos as comerciais. Nunca hai unha peza igual a outra. Cada unha que sae de aquí é única», explica José Antonio.

En su taller solo se trabaja por encargo, dando forma a las ideas de cada cliente. «Tamén é certo que tampouco hai unha demanda brutal disto. Se non seguro que había máis oferta, pero a nós véñennos buscando de toda Galicia. Os comezos foron duros, pero o boca a boca funciona moi ben e un cliente manda outro», asegura el forjador.

José Antonio Lalín se inició en la forja a los 16 años. «Deixei os estudos e estaba buscando algo para poñerme a traballar. Vin un anuncio dun curso en Lalín, co mestre artesán Antonio Campos, e fun probar», explica. Dos años de formación le abrieron de par en par las puertas del mundo laboral. Fue jefe de taller de la firma Cometal 17 años, luego fichó por Metaldeza y al final acabó de director de fábrica en Ausavil. En una ocasión lo llamaron para supervisar la ampliación del puente de Rande. «Iso non cae na vida», asegura.

El forjador agradece la confianza depositada en él durante su larga trayectoria como asalariado. Sin embargo, la auténtica felicidad la ha encontrado al montar su propia fragua en su casa familiar de Taboadelo, en la parroquia de Aciveiro (Forcarei). «Agora vivo sen estrés. Non hai cartos que paguen iso», cuenta.

En su fragua enclavada a los pies de la Serra do Candán José Antonio recibe encargos de lo más variopinto. Ha reciclado como bancos viejas bañeras, ha restaurado rejas procedentes de la Escuela Naval Militar de Ferrol para convertirlas en un elegante portalón con decoración floral y hasta ha creado alguna verja emulando la corona de espinas de Cristo para cerrar el recinto de una capilla privada.

El mayor mérito del forjador forcaricense es saber ajustarse a lo que el cliente tiene en mente. «Non é fácil. A xente trae unha idea na cabeza, pero ti tes que facer que sexa viable técnica e económicamente», explica.

En su afán por satisfacer los deseos del cliente, Lalín ha llegado incluso a fabricar a mano la reja y las bisagras para una capilla del siglo XII traída desde Irlanda y reconstruida piedra a piedra en Meis, siguiendo bocetos históricos. Esta temporada está centrado en la forja de una barandilla con forma de parra que es un auténtico capricho. Los encargos no siempre son tan especiales, pero Lalín trabaja con la misma ilusión en una pista de skate, en la parrilla para un asador o en una fuente de hidrogel.