«Isto non se aprende en dous anos»

Laura López REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

SABELA EIRIZ

La vilalbesa Miriam Fernández es la gallega más joven en activo en el mundo del telar. Junto a su madre, regenta el taller Fusaiola, investiga sobre el textil en la historia y trabaja para recuperar la cultura del lino

20 oct 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Hubo un tiempo en que casi todas las casas de la comarca lucense de la Terra Chá contaban con un telar, una pieza con la que las mujeres no solo confeccionaban prendas para el día a día, sino que era clave para el sustento económico de sus familias. En torno a ese elemento, el telar, se fue tejiendo también todo un universo de tradiciones, celebraciones, utensilios, tiempos, siembras e incluso léxico que ya forma parte del patrimonio inmaterial gallego. Miriam Fernández Otero (San Bartolomé de Insua, Vilalba, 1990) es uno de los pilares que en la actualidad mantiene viva la cultura del lino y recoge el testigo de generaciones de chairegas. Ella es, además, la tejedora en activo más joven de Galicia.

Licenciada en Historia del Arte y amante de la etnografía y el textil, no dudó en emprender una «transición natural» hacia el oficio de tejedora, que había recuperado su madre, Lourdes Otero, hija, nieta y sobrina de tejedoras. Con ella y con las socias de la Asociación de Mulleres Rurais de San Bartolomeu de Insua aprendió el oficio: «Aprendín moitísimo destas mulleres, foi unha formación impagable», reconoce. Y en el 2016, ya con carta de artesana, fundó junto a su madre el taller Fusaiola, en el que intentan, además de elaborar piezas tradicionales, como mandiles, «faldriqueiras» o colchas, acercar esos tejidos a la vida diaria, con bolsos, trajes, carteras, llaveros... Y todo ello empleando fibras naturales, fundamentalmente, algodón, lino y lana.

Pero su labor va mucho más allá. Miriam ha sabido hacer de sus pasiones su modo de vida y se dedica también a estudiar la historia del mundo textil, colaborando con museos de toda España, en investigaciones o en la elaboración de encargos, como prendas de hoplitas.

Esta chairega también fue una de las impulsoras de la Asociación de San Bartolomeu, que recuperó todo el proceso del cultivo del lino: «En marzo sementamos o liño, sácanselle as malas herbas, déixase medrar, florea, cáelle a flor, amarelece e, cando está no seu punto, en agosto, recóllese». Después, «ponse en mollos, rípase cun ripo e a liñaza gárdase para sementar». A continuación, se baja al río, donde queda nueve días para que se produzca una microfermentación y se pueda desprender la fibra del tallo. Tras secar en un prado, llega la tasca: «Hai zonas de Galicia nas que se celebran as fías, pero na Terra Chá son as tascas, as reunións nas casas para facer este traballo comunitario. Facíase unha fornada de pan e, co forno morniño, metíase o liño seco. Despois ían os homes cun mazote (unha especie de tesoira de madeira) para romper a aresca (casca), e as mulleres quitábanlla nun banco tascón con espadela vertical. Logo, gardábano para fiar no inverno, tascado e en trenzas, para despois, no restrelo, separar o lenzo da estopa». Aún quedaría el proceso de blanqueado, en primavera y, finalmente, el telar: «Ser tecelá non é poñerse diante do tear, é saber montalo e comprender todo o proceso. E isto non se aprende en dous anos», reconoce.

Este largo proceso, organizado en un ciclo anual, ha quedado recogido en el libro As mulleres de Insua e o liño: dez anos dun proxecto de recuperación etnográfica, que publicó Miriam en el 2019 y con el que dignifica el patrimonio inmaterial de la cultura del lino.

Publicación

Recogió todo el trabajo en torno al cultivo del lino, utensilios, léxico, fiestas, tejido... en el libro «As mulleres de Insua e o liño: dez anos dun proxecto de recuperación etnográfica»