«Levamos ano e medio pringando os mesmos»

Antonio Garrido Viñas
antonio garrido VILAGARCÍA / LA VOZ

SOCIEDAD

Doscientos vehículos colapsaron las carreteras de O Salnés durante toda la mañana en la protesta de los hosteleros por las restricciones por el covid

12 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

A primera hora de la mañana, la rutina dominical de muchos vilagarcianos de café y periódico se vio alterada. Muchos establecimientos hosteleros tenían cerradas sus puertas. Pero según se acercó la hora del vermú se pudo comprobar que, sobre todo en el centro de la localidad, finalmente fueron minoría los que decidieron apoyar la jornada de cierre, que sí cogía más color en las localidades vecinas.

«A hostalería non ten culpa desta pandemia. Levamos ano e medio pringando os mesmos. Estamos cansados. É inxusto». Son palabras de Ángeles Martínez, del restaurante A Meca, uno de los templos gastronómicos de A Illa, y una de las hosteleras que se erigió en portavoz de sus compañeros en la protesta que el sector realizó en O Salnés. Participaron autónomos de las localidades de Vilanova, Cambados, A Illa y, en menor medida, Vilagarcía. Los cuatro municipios de la comarca que están en el nivel alto de restricciones, por lo que solamente pueden atender a clientes en las terrazas y al 50%. Un golpe durísimo en pleno verano.

«Los infectados están en casa. No hay presión hospitalaria, no se pueden usar los mismo criterios del año pasado», clamaba Vasile Suciu, hostelero cambadés. «No tenemos que pagar siempre nosotros los platos rotos», apuntaba el autónomo, que recordaba que ayer se celebraba San Benito en Cambados, que es uno de los grandes días del verano, y que, pese a todo, la inmensa mayoría de sus compañeros habían secundado el paro.

Y era cierto. Alrededor de doscientos vehículos se concentraron en las proximidades del puente que une A Illa con Vilanova para realizar una marcha a muy baja velocidad, con la intención de ralentizar el tráfico para hacer constar su malestar por las restricciones. La primera parada fue ante la casa do mar de A Illa. El atasco para acceder al municipio isleño era ya enorme, y allí se vivieron los primeros momentos de tensión, cuando una patrulla de la Guardia Civil intentó sancionar a vehículos que habían quedado mal estacionados.

No fue la cosa a mayores. Ni tampoco cuando la comitiva llegó a Vilagarcía. En la capital de la comarca la mayoría de los establecimientos de la zona de vinos obviaron la convocatoria de cierre general y abrieron sus puertas. Los manifestantes, cerca de trescientos, se adentraron en A Baldosa, la principal calle de tapeo del municipio, y en las aledañas, profiriendo gritos de «usureros» dirigidos a los propietarios de los locales abiertos, ante la mirada estupefacta de los clientes, muchos de los cuales eran turistas y no sabían de la misa la media. Hubo allí también algún intercambio de impresiones más alto de lo normal entre unos y otros, pero poco más.

La crisis de Ahituvi

En realidad, lo que sucedió ayer en Vilagarcía no fue otra caso que la escenificación de la crisis que vive la asociación de hosteleros Ahituvi, aderezada con el picante que llegó desde los municipios vecinos. Ahituvi como tal no apoyaba el cierre de ayer. De hecho, componentes de su junta directiva abrieron las puertas de sus establecimientos mientras el presidente, Richar Santamaría, estaba en la protesta que se inició en A Illa, pero «a título personal», según explicitó. No fue él el único socio de Ahituvi que participó en la caravana, pero todo se desmadró en Vilagarcía con las fuertes discusiones entre manifestantes de fuera de la ciudad y hosteleros locales. Unas discusiones que, probablemente, dejarán una fuerte resaca en el seno de la asociación vilagarciana.

En la concentración de A Illa participó también el alcalde de la localidad, el socialista Carlos Iglesias. «O hostaleiro foi o sector máis castigado neste ano e medio e este peche provoca unha situación terrorífica», apuntó el regidor. Iglesias reclamó que se arbitren unas medidas para que la hostelería pueda trabajar sino de forma normal, porque admite que todavía es imposible, que sea de la mejor manera posible, porque entiende que solo con las terrazas al 50% están condenados al cierre. Reclamó también el alcalde isleño medidas económicas para el sector.

La de ayer fue la primera convocatoria de protesta, pero no será la última, según apuntaron los hosteleros. Y no será solo en O Salnés, puesto que los vecinos de la costa norte de la ría ya están poniendo las barbas en remojo y han comenzado los contactos para organizarse entre ambas orillas. «El súper se hincha a vender hielo, alcohol, a vender cocacolas, y nosotros vemos pasar hacia las playas a los chavales, vemos cómo consumen y cómo se contagian jugando después en casa a la play. Y luego, nos cierran. Debe haber alguien en la Xunta a quien no le gusta la hostelería, porque no lo entendemos», sentenciaba el vilanovés Javier Jorge.