Las olas que mecen al Apóstol

Cereixo (Vimianzo) igual es una de las aldeas más bellas de Galicia. Lo tiene todo. Tal vez por eso haya sido escogida por la historia para acoger una de las primeras representaciones del traslado del cuerpo del Apóstol


Incluso Alfonso IX se enamoró de este lugar, que visitó en dos ocasiones (1200 y 1228) y le otorgó beneficios. Por este tiempo ya estaría construida su iglesia y en el tímpano del pórtico sur representaron una embarcación sobre un mar de olas y, en su interior, el cuerpo yaciente de Santiago, con siete figuras alineadas, sus discípulos. Estos trasladan el cadáver del Apóstol desde Jaffa (Jerusalén) hasta las costas del Finis Terrae gallego. Por consejo de la Reina Lupa, Atanasio y Teodoro lo trajeron incluso hasta Duio (Fisterra) para pedir permiso para su entierro. Luego, según la leyenda, acabó donde acabó.

Es una de las cuatro representaciones románicas de la «Traslatio Iacobi». La primera de ellas está en una pequeña moneda de 13 milímetros hallada en la necrópolis de Adro Vello de O Grove. Es de los tiempos de Fernando II y está en el Museo das Peregrinacións. La segunda es la de Cereixo. Las otras están en sendos capiteles del claustro de la catedral de Tudela (Navarra) y en el ábside de la seo vieja de Lleida.

Xosé María Lema, doctor en arte religiosa, destaca de la que se ve en la aldea vimiancesa que muestra una «nave sen mastro, sen remos nin velas», cualidades que también encuentra en las de Tudela y Lleida. Luego hay un obispo con un báculo y un ángel con un incensario. Alusivos, seguramente, al descubrimiento de la tumba de Santiago.

Esta joya jacobea, que relaciona este enclave con las peregrinaciones, está enmarcado en un escenario único. En 1987 restauraron el templo y allí se pudo ver que la piedra daba muestras de haber sufrido un incendio, seguramente provocado por los sucesivos ataques piratas. En la iglesia conviene fijarse en las figuras de los canecillos, con algunas que muestran impúdicamente sus partes, o una pareja con rostros grotescos entrelazándose, junto con otros híbridos monstruosos.

Al lado del edificio parroquial, están las Torres de Cereixo, sobre un otero en el que ya podría haber habido una edificación defensiva. El pazo fue reconstruido en el siglo XVII. En su escudo aparecen representadas las familias que de una manera o de otra disfrutaron de sus paredes y de sus vistas, en la desembocadura de río Grande do Porto, que serpentea a su vera hasta llegar a su unión con el Atlántico para formar la ría de Camariñas.

Antes de llegar a la iglesia, además de las torres almenadas, uno se encuentra con otra joya, en este caso de la botánica, un roble al que le atribuyen casi 300 años de vida y 10 metros de alto, aunque el Hortensia le desgajó parte de su copa a mediados de los ochenta.

Todo el conjunto está cargado de encanto, como el molino de marea construido en 1679, que llegó a convertirse en residencia privada, o la Villa Purificación, que en su huerta conserva uno de los hórreos más grandes de Galicia con sus 19 pies y unos 30 metros de largo.

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