El alegato desesperado de un joven con cáncer: «Coidádevos, non nos matedes»

El carballés insta a llevar la mascarilla y cumplir las medidas anticovid


carballo / la voz

«Non se pode xogar coa vida. Non nos matedes. Coidádevos, coidádenos». El alegato del carballés Xandre Muíño, de 22 años, en el que insta a protegerse contra el covid enseguida se ha hecho viral en las redes sociales. Habla de la «vergonza» de que muchos no respeten las distancias e incluso se nieguen a llevar las mascarillas mientras la situación en los hospitales «é crítica».

Él lo sabe de primera mano, ya que acaba de salir del Chuac de recibir el primer ciclo de quimioterapia tras recaer por segunda vez de un linfoma de Hodgkin. Se lo diagnosticaron inicialmente cuando tenía 17 años y ya entonces necesitó quimio. Recayó un año después, solo con radioterapia, y el pasado octubre volvió a recibir la fatal noticia. «Foi un golpe duro. Cando vas indo ás revisións e parece que non vai volver... Dinme conta porque tiven unha dor moi intensa nas costas, igual que a primeira vez. Comenteillo ao doutor e enseguida me fixeron probas», comenta el joven.

En esta ocasión han optado por un tratamiento más intenso y mucho más duro: ciclos de una semana en el hospital, medicación durante todo el día, sin descanso. «Nunca me desengancho da máquina», indica Xandre.

La experiencia de estar ingresado en plena segunda ola fue brutal y reveladora a partes iguales: «O persoal está a tope e o hospital tamén, preparándose aínda para o que vai vir». A él le tocó compartir con otro enfermo una habitación individual y su madre, que lo acompañó durante el tratamiento, tuvo que conformarse con estar sentada en una silla de madera durante largas jornadas de espera. No pudo quedarse a dormir, claro, y su pareja pudo verle apenas un par de horas, y después de mucho insistir. Si estar enfermo de cáncer por tercera vez ya es duro de por sí, pasar por este trago sin todo el apoyo de la familia y los seres queridos lo hace todavía peor. «Xa llo teño dito a meus pais: se me chegan a obrigar a pasar por isto só, endureceríase mil veces máis. E cando ves que os casos de coronavirus seguen aumentando sempre tes o medo de que, para a próxima sesión, xa ninguén poida vir contigo», sostiene.

Al salir del hospital estaba tan débil que apenas se tenía en pie, pero en cuanto recuperó algo de fuerza lo primero que le apetecía era salir a pasear y ejercitar los músculos que durante días enteros se entumecieron al estar postrados en una cama. «Saio e o primeiro que vexo son bares desbordados, con xente sen respectar as distancias e incluso sen máscara. Despois de todo o que está a acontecer... é necesario dicir que é unha vergonza?», se lamenta. «Se todos os fixésemos ben poderiamos ir tranquilamente tomar un café, pero non está sendo así», añade.

El riesgo en el hospital

Él se considera afortunado, ya que puede pasar por este trance con los que más quiere, pero confiesa que se le parte el alma al ver a la cantidad de personas que están dando quimio en absoluta soledad o con largas hospitalizaciones: «Imaxina a sensación de estar ingresado durante meses, prender a televisión e ver a cantidade de xente contaxiada na planta baixa dese mesmo hospital. E aínda que o persoal o fai o mellor que pode, o risco que alí corres non é pequeno, porque cada día pasas por moitas mans diferentes», reflexiona.

Por este motivo se sentía enfadado al principio al ver que a mucha gente le daban igual las cifras, las muertes y las precauciones. Después pasó a ser resignación y, más tarde, pena. Es durísimo, asegura, llegar a su propia casa y que su padre no quiera sacarse la mascarilla por miedo a contagiarle, o incluso su hermana pequeña al llegar del colegio: «E mentres, por aí adiante, incumpríndose as medidas. Publiquei o texto nas redes porque me apetecía, de feito non contaba coa cantidade de xente que o compartiría, pero se con el consigo concienciar aínda que sexa a unha soa persoa xa me darei por satisfeito».

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pablo varela

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